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jueves, 21 de mayo de 2009

Yuria 49



Pintores residentes en el estado de Chiapas que participaron en la exposición dedicada al poeta Jaime Sabines organizada por la Universidad Autónoma de Chipas a cargo de Patricia Mota Bravo, en el museo de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.


El ritmo pendular de una vocación[1]

Dolores Castro

Rosario Castellanos aparece deslumbrante en la memoria de sus lectores, de sus amigos, por su fino trato, su apasionada forma de ver la vida y expresarla; inteligencia fina para desentrañar las raíces más profundas de los acontecimientos, de los personajes, de sus sueños, de las personas, del sueño de vivir.
Aparece en mi memoria y siempre me conmueve como mujer dueña de su destino, por trágico que fuera, siempre en el pendular movimiento de su voluntad hacia el amor, hacia la justicia y obedeciendo con disciplina y trabajo a su vocación de escritora, tan íntimamente unida a su actuación en la vida.
Dedicó gran parte de su energía a la enseñanza como maestra en la cátedra universitaria, como escritora para sus lectores, como consejera para sus amigas, como madre para su hijo Gabriel.
Ella es la escritora que practicó todos los géneros literarios con éxito: la poesía lírica, en la que alcanza cumbres como Lamentación de Dido, y luego, en su regreso a Chiapas en el cuento con las raíces de su infancia, los poemas de El rescate del mundo; y en la poesía que avanza cada vez más hacia lo profundo, en la universalidad del hombre y en su destino profundamente humano, de su libro Al pie de la letra, y va desde un tratamiento altamente lírico en Lívida luz, a su próximo título, Materia memorable, en el que inicia una transformación: de la expresión simbólica y metafórica de gran altura al verso coloquial en poemas originalísimos de sus tres últimos libros: En la tierra de en medio, Otros poemas y Viaje redondo.
Como narradora Rosario escribió la inolvidable Balún Canán, fruto de su conciencia social, de su creatividad, su inteligencia que ilumina la vida de esa niña, y dibuja el entorno, diseña vivamente los personajes, elemento histórico y sus problemas en la relación de indígenas y mestizos.
En su narrativa, especialmente en Balún Canán y Oficio de tinieblas, Rosario desencadena la realidad de su familia, la del grupo social al que pertenece, la realidad histórica y sobre todo la de ella misma, tanto como su situación en el mundo, en el tiempo, en lo sagrado y lo mágico, en la tierra que pisa, ya que no tiene interés en descubrir lo folklórico sin el conflicto que sitúa a los personajes entre la vida y la muerte; entre poderes que engendran muerte, violencia, dolor, soledad. Vínculos que se establecen constantemente entre el sojuzgador y el sojuzgado que pueden darse entre los ladinos, entre los indios, sobre todo en las relaciones de ladinos con indios, presentado en estas relaciones los conflictos, sin que el propósito sea polarizador, sino vivamente representativo.
Biografía y anécdota son las fuentes principales de la obra singular de Rosario Castellanos, tanto en poesía como en los demás géneros que ella cultivó. Personajes de Chiapas aparecen con toda su originalidad en Ciudad Real y Los convidados de agosto y anécdotas en Álbum de familia, que relata la presencia de Gabriela Mistral en México y la visita de las escritoras de los años cincuenta.
Recordemos también sus ensayos literarios sobre Virginia Wolf y sobre tantos escritores, los más importantes de su obra. También sus ensayos periodísticos en los que su fina ironía se expresa cotidianamente. O bien defendiendo a los más débiles, a las mujeres, a los indígenas en su lucha contra la injusticia.
Su labor plena como escritora se manifiesta en las obras dramáticas; obras como Judith y Salomé, escritas en verso, obras dramáticas en prosa de crítica social en defensa de la mujer.
Presente en lo mas sensible de la memoria, el recuerdo de Rosario: menuda, esbelta, sonriente, con la ironía a flor de boca, brillante, en medio de la franca risa de su acompañantes, generosa, noble, valiente, se me agotan los adjetivos y la sigo contemplando en el tiempo, en el tiempo de nuestra mistad desde el año 1942 hasta su muerte. Amistad que resistió al tiempo, al destino, a la distancia, a la muerte misma. La recuerdo firme, moviéndose al ritmo pendular de su amor, de su afán de justicia, inmortal.




Rosario Castellanos

Otto Raúl González


A partir de 1940 comencé a escribir poemas- dijo Rosario Castellanos-. Mis primeras influencias fueron las más fáciles de adquirir, ya que mi formación literaria era muy deficiente. En 1948 encontré un libro revelador, la Antología laurel. Allí leí Muerte sin fin, que me produjo una conmoción de la que no me he repuesto nunca. Bajo su estímulo inmediato, aunque como influjo no se note, escribí en una semana Trayectoria del polvo. Es una especie de resumen de mis conocimientos de la vida, sobre mí misma y sobre los demás. Supuse que la mejor manera de expresarme era el poema largo, de gran aliento, aunque yo no lo tuviera”.

La decisión de Rosario de escribir un poema largo es ejemplar porque puede servir como enseñanza a todos los poetas que comienzan. Poema largo, poema de gran aliento, dice y agrega: “aunque yo no tuviera”, reconocimiento de sincera modestia, porque el aliento le sobraba.

Pero sigamos escuchando sus palabras: “Llegué a la poesía tras convencerme de que los otros caminos no son válidos para sobrevivir. Y en esos años lo que más me interesaba era la supervivencia. Las palabras poéticas constituyen el único modo de alcanzar lo permanente en este mundo. Por esos años y después de una fuerte crisis religiosa, dejé de creer en la otra vida”.

A la pregunta de Emmanuel Carballo: ¿Dónde y con quiénes te diste a conocer?, Rosario responde: “Me dí a conocer con un grupo de jóvenes más o menos de mi misma edad, en la revista América. Entre ellos figuraba Dolores Castro, con quien me unió una amistad muy íntima y de muchos años (juntas cursamos desde el tercero de secundaria hasta la profesional). En Filosofía y Letras conocimos a Emilio Carballido, Sergio Magaña, Jaime Sabines (él y yo de Chiapas). Luisa Josefina Hernández y varios escritores hispanoamericanos: Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez, Otto- Raúl González, Tito Monterroso y Carlos Illescas. Era un grupo coherente. Nos llevábamos muy bien, tal vez porque no mezclábamos la vida privada con las cuestiones literarias. Miguel Guardia también pertenecía a este grupo”.

Con gran clarividencia, Rosario apunta que “las palabras poéticas constituyen el único modo de alcanzar lo permanente de este mundo”. Esta frase es casi una definición de la poesía no se puede definir, pero se intenta definirla mediante aproximaciones y ésta de Rosario nos acerca bastante a ella. ¿Acaso la poesía no es la búsqueda de la permanencia en este mundo?

Volviendo al grupo, Rosario afirmó: “En aquellos años, el estilo y los propósitos era un tanto confusos. Unos a otros nos influíamos a causa de lecturas



mutuas y, paralelamente, por admiraciones literarias compartidas. Nuestras influencias provenían de los libros, nunca de los autores en persona”.

Nada más cierto y evidente. Nos prestábamos mutuamente libros y revistas, que luego comentábamos en el café de la escuela, en la calle o en donde fuera.

Nos hacíamos y contábamos chistes y jugábamos con las palabras, el sarcasmo y la ironía, era allí donde brillaba más el talento de Rosario, era terrible y despiadada. Recuerdo que yo tenía un sobrino de doce o trece años que se llamaba Walter y Rosario inventó que era mi Walter ego. Fue cuando yo me sentí editor y publiqué en la editorial de Bartolomeu Costa Amic los primeros trabajos de mis amigos y compañeros. Así aparecieron Trayectoria del polvo, en 1948, el primer poemario de Rosario Castellanos; Cuando zarpe el barco, obra de teatro de Wilberto Cantón; un ensayo de Fedro Guillén y un poemario del joven costarricense Alfredo Sancho.

Lo primero que leí de Rosario fueron unos sonetos que me mostró Roberto Girón Lemus, otro estudiante guatemalteco que también se había inscrito en Mascarones, y que por aquellos días era su novio. Le devolví los poemas a Roberto y, muy ufano, me dijo: “mañana te la presentaré en la escuela”. Fue así como entré en el maravilloso universo de la amistad de Rosario Castellanos y me integré al grupo de los incipientes literatos, formado por los ya nombrados y a los que hay que agregar los siguientes: Rubén Bonifaz Nuño, Ricardo Guerra, Emilio Uranga, Salvador Reyes Nevares, María Elena Martínez Tamayo, Wilberto Cantón y Fedro Guillén.

El grupo se fue haciendo más idóneo poco a poco. Nos frecuentábamos y nos veíamos incluso los sábados y los domingos para hacer alguna pequeña reunión o algún baile en la casa de Rosario de la Avenida Constituyentes o para ir aun día de campo a Amecameca o a otro lugar cercano. Rosario contaba, entre otras maravillas, con un “Ford” que su padre le permitía conducir los domingos.
Quien más visitaba su casa era el estudiante guatemalteco, pero dejó de hacerlo a los pocos días porque…”yo le ponía discos de música clásica para que se aburriera pues ya había dejado de interesarme”. Nunca supe qué hicieron aquellos sonetos de su primera juventud que me hicieron admirarla, aunque sospecho que los quemó alegando que no le satisfacían del todo. Así era Rosario, sumamente exigente con sus trabajos.

Luego, entre todos, tratamos de hacer una revista (barcos de papel o algo así) y solamente logramos que apareciera un número. En seguida colaboramos en la revista América a invitación de marco Antonio Millán y de Efrén Hernández. Eran los años 48,49.50 y 51. Colaboramos también en la revista Suma Bibliográfica (con oficinas en palma sur), fraguada por Lautaro González Porcel, Wilberto Cantón y Miguel Ángel Asturias.


Ya estábamos por terminar nuestras respectivas carreras y las terminamos.
Casi todos seguimos dedicándonos al cultivo de las letras en busca de nuestra permanencia en este mundo, como dijo Rosario, quien luego viajó por Europa en compañía de una íntima Dolores Castro. A su retorno decidió radicar en Chiapas. Allá o sea aquí, escribió poemas, cuentos y las novelas que tanto brillo dieron a su nombre. En las páginas de Balún–Canán, en gran parte autobiográfica, volví a ver a la madre de Rosario, doña Adriana, tocada con el perraje (rebozo) guatemalteco que siempre gustaba usar.

Asistí a los funerales de su madre y ocho días después a los de su padre. Don César Castellanos murió de un paro cardiaco cuando manejaba su automóvil por la avenida 5 de mayo e iba en compañía de su hija. Rosario tomó el volante y condujo el automóvil hasta su casa. Con qué valor, con qué entereza resistía, los duros embates del destino. Sin duda alguna su signo fue trágico. Y como generalmente sucede a los grandes espíritus, la soledad (ay la soledad) fue su más fiel compañera.

La última vez que la vi era embajadora de México en Israel. Algunos amigos nos reunimos en casa de la poetisa Berta Rosalía González y Rosario estaba radiante. “Quiero mucho a Gabriel” – dijo cuando empezamos a hablar de los hijos -, porque es el único que no me confunde con Rosario Sansores”. Su muerte en lejanas tierras nos apabulló a todos sus amigos. Queda en su obra toda la imagen fiel de su espíritu fuerte y al mismo tiempo exquisito. Siempre sospeché que Rosario estaba hecha de acera y de seda.

Pero hagamos ahora un repaso (breve como exigen las circunstancias) de su valiosa y ejemplar obra literaria, tanto en verso como en prosa, que logró consolidar durante los 26 años que ejerció con mano maestra el oficio de poeta.


Su obra poética está contenida en los siguientes volúmenes: Trayectoria del polvo, Apuntes para una declaración de fe, De la vigilia estéril, El rescate del mundo, Judith y Salomé (dos poemas dramáticos), Al pie de la letra, Lívida luz, Lamentación de Dido, Materia memorable, En la tierra de en medio, Diálogos con los hombres más honrados, y Otros poemas. Con todo este material poético el Fondo de la Cultura Económica dio a la estampa su primera antología en la colección de Lecturas Mexicanas con el número 49, editada por la Secretaría de Educación Pública y el mismo Fondo de Cultura Económica, pero esta vez con el nombre más propicio de Bella dama sin piedad, tomado de uno de sus más hermosos poemas.

Su obra narrativa contiene en dos novelas: Balún-Canán (1957) que es el nombre maya de Comitán y que significa “Nueve estrellas”, y Oficio de tinieblas (1962). Sus ensayos y artículos fueron recogidos en seis o siete volúmenes, incluyendo su tesis profesional Sobre cultura femenina, que causó gran impacto en las letras mexicanas. Sus libros de cuentos son Ciudad Real (1960), Los convidados de agosto (1964) y Álbum de familia (1971).

Se ha dicho que sus dos novelas y el libro de cuentos Ciudad Real, “conforman la trilogía indigenista más importante de la narrativa mexicana”, pero Rosario nunca estuvo de acuerdo con tan trivial opinión. Ella misma expresó: “Si me atengo a lo que he leído dentro de esta corriente (la indigenista), que por otra parte no me interesa, mis novelas y cuentos no encajan en ella. Uno de los defectos principales consiste en considerar el mundo indígena como un mundo exótico en el que los personajes, por ser las víctimas, son poéticos y buenos. Esta simplicidad me causa risa. Los indios son seres humanos absolutamente iguales a los blancos, sólo que colocados en una circunstancia especial y desfavorable.

Como son más débiles, pueden ser más malos (violentos, traidores e hipócritas) que los blancos. Los indios no me parecen misteriosos ni poéticos, lo que ocurre es que viven en una miseria atroz. Es necesario describir cómo esa miseria ha atrofiado sus mejores cualidades. Otro detalle que los autores indigenistas descuidan, y hacen muy mal, es la forma. Suponen que como el tema es notable es interesante, no es necesario cuidar la manera como se desarrolla. Como refieren casi siempre sucesos desagradables, lo hacen de un modo desagradable: descuidan el lenguaje, no pulen el estilo… ya que pretenden objetivos muy distintos, mis libros no se pueden incluir en esa corriente”.

En los cuentos de Los convidados de agosto, Rosario presenta (y los somete a duros sarcasmos) los prejuicios de la clase media provinciana; y en los de Álbum de familias se refiere con agudas ironías a los de la clase media urbana. La crítica ha establecido que de casi toda la obra de Rosario Castellanos, “se desprende una clara conciencia del problema que significa para su autora, la doble condición de ser mujer y mexicana”.

Sí, Rosario siempre tuvo un muy agudo sentido crítico, pero no tan profundo, despiadado y veraz como su sentido autocrítico. En célebre entrevista con Emmanuel Carballo, Rosario lo muestra con vigor y conocimiento de causa. La entrevistada dice: “Apuntes para una declaración de fe es un poema malogrado. De las crisis que se padecen en la adolescencia, entre las cuales la religiosa es sólo una, quise rescatar algo, algo que continuara informando mi vida; deseaba darle sentido y justificación a cada uno de mis actos. En los Apuntes me arrastró la retórica. Me llevó a hablar, por ejemplo, del continente nuevo que es América, del que tenía una idea superficial y falsa. La última parte del poema que quiere ser lírica y no logra, está en contradicción con la primera parte, en la que el poema es casi en prosa: incisivo, pletórico de lugares comunes usados de manera deliberada. Entra ambas partes existe una falta de continuidad. Fue muy duramente criticado, sobre todo por Miguel Guardia, quien dijo que en él las influencias formaban legión. A partir de entonces no volví a frecuentar ese camino”.

Creo que se necesitan muchas agallas para manifestar ese tipo de autocrítica, para reconocer los propios errores, y creo también que ese don lo tienen solamente las personas sumamente inteligentes y Rosario lo era en grado sumo. Poseía, como dice José Emilio Pacheco, “una sensibilidad inteligente”.
A propósito de su poema De la vigilia estéril, Rosario se expresó así: “El título es un desastre. Allí se nota cierta tendencia a la abstracción, tendencia que también es evidente en libro anterior. No me parecía válida la abstracción, por lo menos no deseaba escribir poemas intelectuales. Quería crear poemas si no emotivos por lo menos imágenes referidas a cosas concretas. Leí autores y textos que condujeron a ese mundo de carne y hueso. Para mencionar algunos citaré a Gabriela Mistral y la Biblia. Esas dos influencias, y el deseo de nombrar los objetos que estaban al alcance de mi existencia, dieron por resultado De la vigilia estéril y, después, El rescate del mundo. La vigilia exuda retórica, según se llegó a decir. Y es que, por esos años, poseía una facilidad siniestra para largar los poemas, y me dejaba llevar por ella: una imagen me conducía a otra, un adjetivo traía otro adjetivo. Y así hasta el infinito”.

Poco se ha hablado de la profunda y apabullante crítica social que contiene su poesía, sobre todo en sus trabajos de madurez como En la tierra de en medio y en Otros poemas, en los que se evidencian condenas e ironías contra el machismo y condenas y propuestas en contra de los juicios de la clase media y de la burguesía urbanas.

Muchos son los trabajos literarios que se han publicado alrededor de la obre, la vida y la personalidad de Rosario Castellanos. Entrevistas, artículos, estudios, ensayos y hasta biografías. Según la maestra e investigadora de la UNAM, Aurora Ocampo, más de quince tesis se elaboran al año sobre Rosario Castellanos. La mejor entrevista, según Elena Poniatowska, la realizó Beatriz Espejo, en su texto intitulado La paloma. Y según la misma escritora, el trabajo más exacto y amoroso es el de María Rosa Fiscal en su ensayo La imagen de la mujer narrativa de Rosario Castellanos. Antes de morir, Rosario Castellanos grabó varios de sus mejores poemas para la colección Voz viva de la UNAM. El prólogo se le encargó a José Emilio Pacheco.

En 1985 el crítico Emmanuel Carballo asentó: “En poemas y ensayos, cuentos y artículos de prensa, novelas y notas críticas, obras de teatro y tesis de grado, supo ser en igual medida una mujer y una artista.

Como mujer fue una de las principales precursoras del movimiento de liberación femenina, no solo por las ideas que expuso sino por la capacidad con que desempeñó las tareas docentes, administrativas e intelectuales. En una sociedad como la nuestra, organizada en torno a conceptos diseñados por los hombres para su propio beneficio, Rosario Castellanos desterró el lugar común de la inferioridad de la mujer respecto al hombre: su inteligencia, coherencia y aptitud para las letras estuvieron por encima de casi todos los miembros de su generación”

Elena Poniatowska ha dicho que la tesis de grado presentada en 1950 por Rosario Castellanos, donde negó la existencia discriminatoria de una “cultura femenina”, es el punto de partida intelectual para la liberación de las mujeres en México. Y agrega “el 15 de febrero de 1971, cuatro años antes de que se celebrara en nuestro país el Congreso Internacional de la Mujer, y tres anteriores a su muerte, Rosario Castellanos habló por primera vez en México, en una tribuna pública (el museo Nacional de Antropología) y ante el presidente Luis Echeverría, de la causa de la mujer. Considero que su discurso podría ser el punto de partida del feminismo en México, aunque luchadoras como Adelina Zendejas y Amalia Castillo Ledón habían conseguido del presidente Adolfo Ruiz Cortines el voto para la mujer, pero de los derechos femeninos no se había hablado en forma tan explícita como lo hizo Rosario. Resulta sorprendente porque en su tesis para obtener su maestría en letras sobre cultura femenina, Rosario no sólo pretendía liberar a las mujeres sino que entre burlas y veras, ironiza acerca de la condición femenina. Veinte años más tarde, Rosario hace que las mujeres encuentren su voz”.

“Afirma en el Museo Nacional de Antropología que no es equitativo el trato entre hombre y mujer en México y va asentando, como si los grabara en piedra, sus postulados:

“No es equitativo – y por lo tanto tampoco es legítimo – que uno de los dos que forma la pareja dé todo y no aspire a recibir nada a cambio.

“No es equitativo – así que no es legítimo – que uno tenga la oportunidad de formarse intelectualmente y al otro no le quede más alternativa que la de permanecer sumido en la ignorancia.

“No es equitativo – y por lo mismo no es legítimo – que uno encuentre en el trabajo no sólo una fuente de riqueza sino también la alegría de sentirse útil, partícipe de la vida comunitaria, realizado por medio de una obra, mientras que el otro cumple con una labor que no amerita remuneración y que apenas atenúa la vivencia de superfluidad y aislamiento que se sufre; una labor que por su misma índole perecedera no se puede dar nunca por hecha.

“No es equitativo y contraría al espíritu de la ley que uno tenga toda la libertad de movimientos, mientras que el otro está reducido a la parálisis.

“No es equitativo – luego no es legal – que no sea dueño de su cuerpo y disponga de él como se le dé la real gana, mientras que el otro reserva ese cuerpo no para sus propios fines, sino para que en él cumplan procesos ajenos a su voluntad”.

Finalmente, a juicio de Carlos Monsiváis, “con Rosario Castellanos se inicia la literatura de la mujer mexicana. Ella hizo posible que comenzaran a caer las murallas de Nepantla – la tierra de en medio, la tierra de nadie – que desde Sor Juana habían sido el recinto y la cárcel de nuestras escritoras”.

Seguramente, tal y como lo señaló Elena Poniatowska: “Gracias a Rosario Castellanos, las mujeres mexicanas encontraron su voz”.

CITAS

1.- Entrevista con Emmanuel Carballo en Protagonistas de la literatura mexicana (1962).

Rosario Castellanos*

Elena Poniatowska

Hay un largo trecho entre Rosario Castellanos que publica en 1950 su tesis Sobre la cultura femenina en la UNAM y concluye ante sus jueces que la mujer es incapaz de participar en procesos culturales y la nula importancia y falta de originalidad de su aportaciones la hacen imprescindible, y la Rosario Castellanos que veinte años más tarde defiende a sus hermanas en un discurso memorable en el Centro Nacional de la Productividad en 1970, alegato del que habría de surgir la Rosario indignada que acusa a los hombres el 15 de febrero de 1971 en el Museo Nacional de Antropología frente al Presidente de la República.
En los años cincuenta, Rosario se reunía en la cafetería de la UNAM con sus cuates del alma, Jaime Sabines, Sergio Galindo, Luisa Josefina Hernández, Dolores Castro, Emilio Carballido, Sergio Magaña (a quienes les dedicó sus poemas dramáticos Judith y Salomé). Sus padres habían escogido para ella la Facultad de Química y optó por la de Leyes, pero finalmente se cambió a la de Filosofía y Letras con tal de escuchar a maestros como Paulita Gómez Alonzo, Eduardo Nicol y José Gaos por quienes sintió una profunda admiración. Se convirtió muy pronto en una filósofa y en la más completa, la más entrañable de nuestras escritoras: poetisa, novelista, cuentista, ensayista, dramaturga, articulista.
Digo la más entrañable porque su muerte fue un golpe seco en la conciencia de sus amigos, un dolor lacerante, un trago muy amargo también para aquellos que apenas la conocieron, la muerte fue una constante en su novelas Oficio de tinieblas, Los convidados de agosto y Balún Canán, en su cuentos Ciudad real, en sus poemas, Trayectoria del polvo, De la vigilia estéril, Materia memorable. La muerte acompañó todos los actos de la vida que intento quitarse varias veces. Sus libros tienen que ver con la muerte. No todos los hombres aceptan la realidad de su propia muerte, pero Rosario la aceptó como una alumna ejemplar que levanta la mano en clase para contestar una verdad absoluta.
Originaria de Comitán, Chiapas; nacida el 25 de mayo de 1925, murió en Tel Aviv siendo embajadora de México en Israel. La descarga eléctrica de una lámpara doméstica la fulminó a los cuarenta y nueve años. Al irse se llevó su memoria, todo lo que ella era, su forma de ser río, de ser adiós y nunca. Nosotros la enterramos en México bajo la lluvia, la convertimos en parque público, en lectura para todos.
¿Por qué escribió Rosario? Para que la quisiéramos y recordáramos y también para negar la apreciación que hace de sí misma al responder a esa pregunta en el poema Entrevista en prensa: “Pero señor es obvio. Porque un día de adolescente, me incliné ante un espejo y no vi a nadie.”

*Tomado de: Agenda 2005. Gobierno de Chiapas.




Dos poetas de la tradición

Ricardo Cuéllar Valencia

La poesía cuando es verdadera no necesita acomodarse a las corrientes dominantes de la época dado que cada poeta está en la libertad de elegir la forma más añeja como la más moderna. Todo depende de su audacia y búsqueda formal o, en el mejor de los casos, de las formas que domina y se acomoda a lo que desea contar. Lo que importa es que el ritmo se encuentre en la escritura del poema, ritmo que no es más que la respiración que emana del texto y que el lector atento percibe desde la intimidad de la lectura. Puede recurrirse a la metáfora simple, a la imagen elemental o a las más elípticas formas de la idea o el concepto y si ellas no están ordenadas por ese soplo limpio, interior-exterior de la palabra poética no encontramos poesía, sino vanas frases. Es rito es lo determinante.
Recientemente hemos conocido textos de dos poetas que por su edad pertenecen a la generación de los años cincuenta. No es el momento de explicar por qué su escritura permanece fiel a las formas tradicionales, o mejor dicho, propias de los años treinta y cuarenta en Chiapas. Lo cierto es que Jorge A. Gómez Arguello y Julio Serrano Castillejos instalados en una visión nostálgica, desde la cual recrean su la visión del mundo, cada uno en un tono muy personal, cantan. Aunque pertenecen a la generación de Jaime Sabines y Rosario Castellanos se quedaron instalados en un romanticismo que aunque tardío en los años que empezaron a escribir tenia, entre sus coetáneos, cierta aceptación.
Lo real y efectivo en el espacio de la literatura es que Castellanos y Sabines decidieron romper con ese tono, con esa visión conservadora y lograron otra manera de contar y cantar que de inmediato los ubicó en la modernidad, partiendo y asumiendo las vanguardias que irrigaron todo Hispanoamérica en la primera mitad del siglo XX en Hispanoamérica. Ellos, Gómez y Castillejos decidieron quedarse instalados en las formas e ideas ya puestas en cuestión. Cada cual es responsable de la manera de concebir la vida y la literatura. Respetable es la decisión de cada escritor cómo y desde qué forma elabora su discurso. Más allá de una discusión lo que nos intereza destacar es que son poetas los dos invitados en estas páginas de Yuria. Leámoslos:




Cuatro poemas de Jorge A. Gómez Arguello

VACÍO

Se van quedando atrás
los años,
se pierde en la distancia
la memoria,
se marchita la piel
y se nubla la vista,
la razón
es confusa, muy profunda,
muy onda.

Y ese peregrinar
tan mío,
se va haciendo cada vez
más lento,
se acabaron aquellos desafíos,
y mi alma sola, muy sola
se pierde en el vacio.

AL MORIR LA TARDE

Y te vas de mi lado
ausente de ti misma,
como se va la brisa,
como se van las sombras,
sin entender si quiera
como apagan la nieve
la calidez del fuego,
poco a poco,
sin prisas,
sin ruegos,
sin amor,
y sin sonrisas…

Así acaban los sueños,
y se muere la tarde.

TRISTEZA
Tristeza, tristeza mía
que caminas muy cerca de mi vera,
presagiando el pasar de los días
como bálsamo tibio en la espera.

Cuantas veces fuiste compañera
en mis noches amargas,
cuantas veces, altiva, altanera,
a mi lado aliviabas mis cargas.

Tristeza, tristeza mía,
cada vez que me aprietas el alma
siento paz, y a fe mía,
en el fondo me mandas la calma.

Es por eso que te amo…
Eres fiel y sincera conmigo,
no hay en ti ni el mas débil asomo,
de dejarme en mi largo camino.

Tristeza, tristeza mía.

LA VENTANA ABIERTA

Deja despreocupado
la ventana abierta
para que puedas
acuñar tus sueños,
tus ilusiones, tus amores,
y al conjuro
de gratas remembranzas,
reviva el corazón
sus esperanzas.

Deja de para en par
la ventana
de los caros anhelos,
para que florezcan
en esta primavera
las azucenas,
los lirios y las rosas,
y al abrevar
lo tibio de su alimento,
llegue a consolar
la espera del invierno.

Deja que las promesas
se realicen
y arrópalas muy fuerte
para que nunca
se marchiten,
y, sopesado ya,
deja por siempre
la ventana abierta.





Dos poemas de Julio Serrano Castillejos


EL CANTO DEL CORAZÓN

Yo soy de pocas palabras
cuando traigo el alma herida
y dedico mis cantares
a aquella mujer endina.

Si voy de vuelta o de ida
no soy menguado ni tibio
y le doy siempre a la vida
el canto que tiene alivio.

Mi valor es la templanza
mi moneda es el cariño
y exploro siempre el venero
de mi cantar infinito.

Yo viví entre los pobres,
entre el lodo y el carrizo
con agua fresca y salobre
bajo el sol tan encendido.

Conocí a las galanas
mujeres de mil caminos
y en sus casas yo comí
los manjares del destino.

Es mi tierra pan de trigo
de bonanza y señorío,
con calles de piedra laja
y un calor enardecido.

Tiene un parque muy hermoso
de sabores pueblerinos,
una iglesia de alto techo
con su altar de limpio piso.

En la fuente principal
de pretil de cal y canto
besé a mi primera novia
en los lindes del encanto.

En los portales bailé
con marimbas y matracas,
nunca las reglas violé
ni me salí de la trancas.

En mi pueblo hermoso tuve
una amiga casta y santa
y con ella me entretuve
de los pies a la garganta.

Las mujeres junto al río
eran flores del vergel
y en el albo caserío
un panal de rica miel.

Mi terruño fue el reflejo
de las noches cristalinas,
donde busca el zorro viejo
a las mujeres divinas.

Si me voy de este mi pueblo
a una zona muy lejana,
me llevo yo los afectos
que me brinda la esperanza

Una cosa sí les digo,
y lo digo con confianza:
quedó enterrado mi ombligo
en los surcos de labranza.


DISTANTE AMANECER


Radiante batallar conmigo mismo,
relámpago de azul, punzante nota,
de injusta sinrazón y el alma rota
resurge mi pasión y el estoicismo.

Simiente de dolor, ese es mi abismo,
bebiendo con placer la amarga gota.
De Dios la imagen a su palabra ignota
disfruto del amor el cataclismo.

Distante amanecer, ribera incierta,
plegarias de papel y llantos vanos,
estar unido a ti, esa es mi suerte,

la entrada a la razón por amplia puerta,
el manto del placer, las blancas manos
de dardos inductores a la muerte.


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 10 de mayo de 2006.


Del carácter gozoso de la escritura

Guadalupe Ángeles

No se conforma con respuestas a medias, es alguien que busca siempre las últimas consecuencias de aquello que despierta su interés, por eso le atrae la filosofía, la psicología y practica la literatura. La cercanía cotidiana con la frontera norte le ha facilitado el encuentro con otras maneras de leer el mundo. Aprendió de joven que toda obra humana es igual a una obra de albañilería: hay que ir acomodando los elementos en orden: ladrillo, mezcla, ladrillo. Así escribe. Lanza una definición y la argumenta. Usa del lenguaje todas las formas posibles, no teme echar mano de palabras de la vida cotidiana ni de términos elevados, así, conviven en su escritura giros del lenguaje que corre por las calles libremente y concepciones filosóficas. Todo cabe en su prosa efectiva que comunica directamente lo que piensa.
En sus ensayos desmenuza la obra ajena y demuestra las múltiples maneras de entender las páginas que le seducen, por ejemplo: Luis Cardoza y Aragón, a través de su novela, nos es descubierto como magnífico manantial de imágenes esplendorosas, en la segunda estación de su libro Sobre la impura esencia de la crítica, en el que consigna: esta es la base del experimentalismo: aceptar la pérdida y promover el extravió.
Con él aprendí a leer a Borges como un gran humorista, y no como al creador solemne que paraliza.
Afirma que el subconsciente permea la novela.
Fiero crítico no se detiene ante los nombres que gozan de prestigio en el mundo de las letras, si es que tiene que decir algo que tal vez no les guste.
Sus poemas son máquinas perfectas hechas como con huesos humanos, en El órgano de la risa cunde un repertorio de imágenes entrañables.
Al leerlo, uno siente cómo disfruta del lenguaje, su fonética, su significado. No ama la perfección, por eso da rienda suelta a ese amor por los vocablos que nos hace adictos a los juegos de palabras, a los giros del lenguaje donde se encuentran palabras no siempre de la misma familia, para él, la teoría de conjuntos que nos enseñaron en la primaria, no tiene demasiado sentido.
Si lees algunas de sus novelas, forzosamente tendrás algo que discutirle, parece que le encanta la polémica, sacudir conciencias, expresar lo que piensa sin ambages. (Ha publicado en este género: El matasellos, A.b.u.r.t.o, 41 clósets, Al otro lado).
Sabe que la verdadera literatura viene de la vida, por eso quienes van a sus talleres se ven obligados a calibrar su propia experiencia.
Cree en la sanación, en el carácter volátil del Yo y en la felicidad del lenguaje.
No conoce la angustia del escritor estreñido, porque sabe de la fugacidad de toda literatura. Aquello que nos enseñaron de la inmortal obra de arte en la escritura, sabe que es un trabajo de generaciones de intérpretes o traductores y afirma, al mismo tiempo, que la diferencia entre periodismo y literatura es una mera ilusión a la que, de todos modos, quien quiera tenerla, tiene derecho.
Sus ensayos dan cuenta de su erudición, de su curiosidad inagotable, de su amor por las palabras, a las que considera, lúcidamente, como cosas físicas, por ello, cree que el trabajo con la escritura es, antes que nada, un trabajo físico con las cuartillas. Sabe que hay un momento de la creación en que debe dársele libre paso al flujo de los signos en la hoja de papel, ya vendrá luego el momento de la corrección. Afirma, con total conocimiento de causa, que la salud mental es esencial para el surgimiento de ese libre flujo, por tanto, asume la escritura corporalmente sin dejar de lado la psicología.
Cita a Sartre: La literatura es una generosidad innecesaria
Ama las ideas, por eso es capaz de apreciar la obra de autores no avalados por el canon, e informarnos de ella con minuciosidad de relojero.
Abre el camino de la honestidad frente a los talleristas, ya ellos habrán de elegir transitarlo o no.
Muestra el carácter ostensiblemente feliz del Acto de Escribir. Eso se nota en su entusiasmo manifiesto por autores como Ibargüengoitia o Monsiváis. También es notable en la manera en que se conduce al hablar del hecho escritural en sí mismo.
Refiere que intervenir un texto es mejorarlo.
Asume cabalmente el papel del profesor que de entusiasmo a los alumnos, a los que informa, sobre todo con su lenguaje corporal, que escribir puede ser gozoso, que de hecho lo es.
Basta ojear alguno de sus libros de ensayos para abastecerse de opiniones inéditas hasta ahora en la República de las Letras Mexicanas, inéditas por atrevidas y exactas.
Sabe que la vida es más importante que la literatura, por eso le importa más la salud psíquica de los escritores que la forma correcta de su escritura, pues también está convencido de que esto último es responsabilidad única y concreta del autor.
La experimentación y lucidez permean su obra narrativa, la devoción más iconoclasta su poesía.
Y si alguien ha hecho algo --propagar la adicción a la inteligencia-- luego de tomar conciencia de la necesidad de que haya pensamiento y no sólo verborrea en la obra de los autores mexicanos, ese es Heriberto Yépez.




HOMENAJE A EDGAR ALAN POE

Luis Fernando Cuartas


Poe era el Poeta. Una rara y compulsiva relación con la literatura lo unía a la realidad. Él mismo creyó que en los Estados Unidos del siglo XIX, era posible creer en la literatura como una señal de vida, como una profesión de fe y como una garantía de existencia en medio de un industrialismo en ascenso. Más en el caso de Poe, podríamos aplicar esta bella frase de Rilke: lo bello no es más que el comienzo de lo terrible; este hombre huérfano buscó esa condición estética por excelencia, la aspiración a la poesía, la formulación de un código racional de entender el descenso a los infiernos, las claves del nunca más de un cuervo.

A ese hombre que confió en su arte, su medio nunca le permitió poder desarrollarlo en condiciones óptimas. Fue un desventurado como sentenció Baudelaire. Poe desheredado de su padrastro, a penas pasó una breve temporada en la Universidad, dedicado a escribir para pequeños periódicos, a deambular por garitos y descubrir las soledades en los licores del alma más que en las botellas. Buscó indagar en la oscuridad mientras bebía sorbos de luz en una extraña relación entre la ciencia y el misticismo, entre la matemática y los ciclos melancólicos.

En un texto donde manifiesta ese profundo respeto por la ciencia, en EUREKA, habla de Kepler y las conjeturas de las leyes y sus movimientos, entonces él se abroga el derecho de hacer postulados para su propia creación, como si fuera un demiurgo inventando su magia personal. La convicción que surge de esas inducciones o deducciones cuyos procesos son tan oscuros que escapan a nuestra ciencia, eluden nuestra razón o desafían nuestra capacidad de expresión, no es más que un preludio hechizante de otra realidad, un surrealismo en ciernes o de una búsqueda de imantada condición de lo deslumbrante en medio del fatigoso material de lo cotidiano, para hacer aparecer otros mundos, que siempre estarán en este, como lo diría Pauwels en sus búsquedas con el retorno de los brujos. Esto no es más que un llamado a la imaginación a la exaltada capacidad creativa que busca hacer del pozo oscuro, del gato negro y de la casa desvencijada, un laboratorio de sensaciones, una conversación con la alteridad del mundo.
La realidad que transita Poe no es la ciencia en el sentido exacto, es una fuerza intuitiva, una mirada penetrante sobre el submundo del mundo. Poe es esencialmente un Poeta. Una capacidad de viajar en las pesadillas, como lo haría el pintor Henry Fuseli (1757-1827) donde yeguas, gnomos o pequeños diablos se posan sobre una bella mujer que languidece sobre la atmósfera enrarecida del sopor del sueño.

Poe, restablece en la narrativa un encuentro con el mundo de los excesos, algo no buscado originalmente, la relación de los deseos de lo truculento, de la avidez por lo prohibido, una pulsión que atrae y repulsa entre el sexo y la muerte, entre los licores perfumados de la noche y la búsqueda de racionalizar lo desconocido. El encuentro con la narrativa, su mejor peso literario, se da por una urgente necesidad de establecerse como escritor, por ganar unos dólares, por encontrar un lugar donde escribir sus enormes dimensiones imaginarias.
Con Poe el mundo cotidiano, la prosaica y brutal existencia de oficios diarios, la higienizada materia de nuestras tareas, entra en una corrupción revolucionaria de los sentidos, se altera el orden, se mueve el piso. Es una manera de crear, de proponer nuevas formas de comprender nuestro entorno: una estética de una rara belleza, una sensación pendular, la oscilación de lo que va y lo que viene, la huida y el regreso, pero un péndulo que en la narrativa de Poe, siempre esta pendiendo de un hilo que se desgasta y se tensa, haciendo que todo parezca tan frágil y a la vez tan eternamente débil.
Poe se hermana y se hace cercano a esa literatura que establece un diálogo entre fuerzas contrarias, ciencia y magia, la religiosidad con los ojos abiertos y la duda con la angustia oscura. Desde William Blake, casi antecesor de su noche vigilante, pasando por el Frankenstein de Mary Shelley (1818), y las novelas de Matthew Lewis (El monje), William Beckford y Ann Radcliffe. Los novelistas góticos modernos, como Angela Carter, Patrick McGrath y Toni Morrison son muy apreciados, y el gótico continúa influenciando el cine y la televisión -desde obras clásicas como Nosferatu (1922) hasta Buffy Cazavampiros (1997-2002)- y a artistas visuales como Glenn Brown y los hermanos Chapman.
En literatura su huella también está en su gran mentor y traductor Baudelaire, quién lo dio a conocer en Francia y que lo propuso como un código estético de donde bebieron de sus alcoholes posteriormente muchos grandes escritores. Mallarmé escribe un poema sobre la Tumba de Poe, Valéry hace su Señor Teste, como una geometría donde todos los elementos son postulados de una serie de axiomas resultados de una imaginación ordenadora y fascinante, un señor cerebro que obtura todas las operaciones del espíritu. Pues bien Poe, en su ensayo sobre cómo escribió el poema del Cuervo, habla de esa estructura que une lo espiritual con una matemática de la composición, una idea que integra el yo creador en el componente de su propia creación, algo que llevado al extremo, es la punta de un nihilismo aterrador. Pues bien, Valery hace suya esa estética que Poe insinuaba y trataba de balbucear.
Más que decir de la herencia otorgada desde Los crímenes de la calle Morgue, con la trasformación de la novela negra y la novela policial. Nuestro detective Sherlock Holmes y su elemental Watson, de Arthur Conan Doyle, el padre Brown de Chesterton, para luego pasar al folletín de Ágata Christie y las novelas de Graham Greene, todos ellos heredaros de Dupin, de la noches de lluvia y de las conjeturas sobre el más mínimo detalle.
Julio Verne toca la única novela de Poe, una demencial historia de canibalismos, de sueños y de trampas, donde un aventurero sale a la mar en un buque donde pululan ratas, historias de náufragos, pesadillas y silencios. Estamos hablando de la novela Las aventuras de Gordon Pym y de la continuación que hace Verne con La esfinge de los Hielos, ambos escritores de un autodidactismo científico bastante sorprendente. Más esta rara novela se convierte en tema para los surrealistas, para los viajeros de lo onírico, para los capacitados para fantasear, recordando raros relatos como los de Jeremías N. Reynolds en el Pacífico y en el Polo Sur, o el tema de Coleridge, El canto del viejo marinero. Robert Louis Stevenson retoma estos enigmáticos viajes, H.P. Lovecraft admira este extraño relato que es como un disparo en el ritmo sanguíneo del relato, un torrente que no para, que deja sin aliento y que no deja al lector abandonar fácilmente el texto.
Julio Cortázar hace de Poe una traducción muy bella, y lo pone ante nuestros ojos con su indiscutible talento. Poe deja sus uñas de gato en la piel y en la memoria, Borges tiene bellas páginas sobre este autor, Rubén Darío no deja de llamarlo a su casa mental y lo realza como el láudano perfumado de la literatura, más crítica la forma cruenta como fue vejado y apabullado por la crítica de su propio país, por periodistas envidiosos y por la mala saña que se tira cuando se trata de vilipendiar a un genio. Honrar su memoria es hacer un encuentro con sus libros, no sólo sobre su literatura y sus obras, es a la vez hacer una invitación para reconocer en otros autores sus influencias y sus marcas. En buena hora saludar a este gato del libro, a este péndulo del tiempo de lo imaginario y tomar del dulce alcohol de sus hechizantes letras. Poe no deja de ser de nuestra estirpe sedienta, un ser que estuvo bajo las señales de la dificultad, un perdedor en vida, un hálito de mala suerte condenando su sombra entre la taberna y las envidias feraces que crecen como semillas sobre sus huesos, después de ser arrojado a la cuneta del olvido.
Más él suele despertar de esas empalizadas, sale de los muros, se muestra entre el polvoriento paso de una calle oscura a una habitación de palpitantes lámparas. Saca su mano, su intensa mano de escribiente, la mano de un ser que creyó profundamente en su tarea, que no se dejó domesticar por nadie, la que se abstuvo de intervenir en politiquerías y en camorras literarias, la que le costó la muerte en una contienda electoral donde a él nunca le importo intervenir y de la cual sus opositores quisieron ridiculizarlo haciéndolo aparecer como un borrachito vulgar. Poe no dejará de maullar en nuestro oído, de saltarnos las quimeras, de azuzar las pesadillas, de hacernos sentir el peso humanamente humano de su palabra contra el tedio viciado de las rutinas diarias.

(Tomado del semanario Confabulación, No. 83, de la 1º semana de abril del 2009)



El pensamiento político en Nietzsche

Mario Nandayapa
Universidad Autónoma de Chiapas
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología



El libro Fragmentos póstumos sobre política de Friedrich Nietzsche (Editoria Trotta, Traducción de José Emilio Esteban Enguita, Madrid, España, 2009, 203 páginas), permite conocer el taller de escritura y pensamiento de Nietzsche, taller que resulta esencial para comprender la obra publicada de este pensador intempestivo que se encargó de dinamitar nuestras certezas que aún retumban en nuestro presente. Estos fragmentos, fundamentales en cantidad y temática, han sido organizados a partir de la edición crítica de las obras completas realizada por Giorgio Colli y Massimo Montinari. El criterio utilizado por ambos autores para el ordenamiento de dichos fragmentos es cronológico, en los cuales emergen una infinidad de temáticas. Hasta el momento, se han traducido muchos fragmentos parceladamente y han primado, en general, dos criterios a la hora de ordenar dichos fragmentos: un criterio estrictamente cronológico y otro temático. En el primer criterio se encuentra la mayoría de las traducciones al castellano y que sólo aleatoriamente reconocen un orden temático. Respecto al segundo criterio existe una mínima producción, salvo una selección de algunos temas y una antología sobre el pensamiento estético en Nietzsche de la misma editorial Trotta. Es en este segundo criterio que se ubica la presente traducción y edición de los fragmentos sobre política. En el texto en cuestión, intenta organizar un conjunto de fragmentos nietzscheanos (265) que hablan y reflexionan sobre un tema no menor, pero que es ignorado por la mayoría de sus estudiosos: la política. Esta omisión no es menor, pues el tema es trabajado en diversas épocas por Nietzsche, y además tiene su contraparte en la recepción de su obra. Podemos advertir, a lo menos, dos problemas que explicarían esta relación que va desde la omisión hasta considerarlo un tema tabú. La primera razón tiene que ver con la propia creación intelectual del filósofo en la medida que, al ser fragmentos, no tienen una sistematicidad y responden a asuntos que pueden ser relacionados con otras temáticas como moral, estética. Siempre el ordenamiento escolar disciplinario esconde la multiplicidad y variabilidad de los fragmentos. La segunda razón tiene relación con la recepción de la obra nietzscheana. En este asunto, comparece una cuestión muy compleja, y a veces poco discutida, que es la relación entre su pensamiento y el nacionalsocialismo. Aquí, al contrario de lo que sucedió con Heidegger, no tenemos una participación activa o posterior abandono de la doctrina nazi, sino una cuestión muy difícil de evaluar y que es la influencia de las ideas de Nietzsche en un sistema político de esa envergadura y consecuencias en la historia del hombre. El asunto no es de fácil resolución, pero podemos decir que existió una manipulación de los jerarcas nacionalsocialistas que intentaron buscar un “fundamento” filosófico de su acción política que creyeron encontrar en Nietzsche. Para ello, recibieron la “ayuda” de su hermana, Elizabeth, quien manipuló intencionadamente sus textos para darle un cariz, un giro antisemita y racista que no estaban presentes en la obra, como lo demostró el trabajo crítico de los escritos del autor. Estas dos cuestiones han terminado por establecer un prejuicio, que puede sintetizarse en la expresión “en la filosofía de Nietzsche no hay pensamiento político”. Y es precisamente este prejuicio el que la obra en cuestión logra desmitificar. Así, la importancia de esta traducción del profesor de la Universidad Autónoma de Madrid es mostrar, a través de los fragmentos no publicados, que efectivamente hay un pensamiento político en Nietzsche. Desde esta perspectiva, este libro viene a llenar un vacío respecto a que organiza temática y cronológicamente dichos fragmentos que hablan sobre el estado, la democracia, el socialismo, el marxismo, las clases sociales, Grecia, la ilustración, etcétera. Estos fragmentos abarcan desde el otoño del año 1869 hasta la primavera del año 1888. El libro comprende un espléndido texto introductorio y un certero aparato crítico, con notas, tabla de concordancia e índice temático. Prevalecen en ella los fragmentos de la etapa juvenil (1869-1876), aspecto que el traductor explica porque en ellos se encuentra la mayor cantidad de referencias a la política, mientras que ellas decaen hacia el final porque comparecen en mayor medida en la obra pública, cuestión que no sucede en los textos juveniles, más cercano a temáticas de arte, lenguaje, metafísica, moral y religión.
En definitiva, celebro dicha traducción por ser un aporte a los estudio de Nietzsche en español, estudio cada vez más especialista. Esta edición muy cuidada y con mínimos errores, se transforma, así, en una literatura importante para adentrarse en esta temática que, como veíamos, es bastante poco tratada. Sólo una cuestión provoca preocupación y extrañeza. Resulta poco comprensible que la traducción se detenga en los primeros meses del año 1888, faltando alrededor de 09 meses (enero de 1889). Si bien se puede explicar porque gran parte de ese material es publicado en la obra autobiográfica “Ecce Homo”, se extrañan algunos fragmentos, principalmente el que le da nombre y designa el proyecto de Nietzsche, que en sus propias palabras sintetiza su mirada sobre la política, pero también sobre occidente y su cultura, “La Gran Política”, fragmento que se encuentra entre diciembre de 1888 y enero de 1889, es decir a días de su debacle. Tal omisión, suponemos que consciente, no anula el trabajo realizado, pero sí lo deja algo incompleto, pues nos parece que en dicho fragmento se encuentra una cuestión muy radical y central que tiene relación con la “unión modal” o “matriz crítica” del pensamiento de Nietzsche. Con ello, queremos decir que en él se une, se manifiesta una misma crítica en su diversidad: crítica a la cultura, a la política y a occidente en su conjunto como una estructura, un cuerpo en decadencia que debe ser reemplazado. Este fragmento presenta más nítidamente tal proyecto, y su ausencia puede ser interpretada como una omisión grave, pues seguiría pensando a Nietzsche como parte de una misma tradición, que daría cuenta de una misma interpretación de lo político, ocultando el auténtico sentido que, creo, tiene que ver con un proyecto a gran escala, que no sólo da cuenta de la estructura de lo social, sino que comprende lo valórico, lo estético, lo filosófico. A pesar de ello, recomiendo la lectura y análisis de este texto, pues es aclarador de muchas temáticas de Nietzsche que, descontextualizadas, pueden parecer hasta escandalosas.




Jaime Sabines 83 aniversario poetas
Biblioteca HECHOS EN PALABRAS

En el ejercicio poético la palabra cobra una nueva significación que va más alla de un sentido exacto. Es en ella donde se una la tradición, el lenguaje y el pensamiento. Este acto creador permite al poeta descubrirle al otro, en la intimidad de la lectura, un mundo en el que todo es permisible y que como tal es liberador. En el presente volumen se encuentran reunidos ochenta y tres poetas, de las más diversas edades y latitudes, en busca de una voz propia. El decimo aniversario luctuoso de Jaime Sabines –uno de los mas grandes poetas que ha dado Chiapas a las letras mexicanas, cuya obras ha sido traducida y estudiada en México y el extranjero—es una exelente oportunidad para dar a conocer la obra de muchos otros poetas chiapanecos de las mas recu}ientes generaciones.


No lo conozcas
Cecilia Romana

Esta es una edición muy especial; marca el inicio de un extraordinario proyecto editorial dominado Colección Hechos en Palabras. Cecilia Romana a través del poemario No lo conozcas, recrea a partir de la originalidad de las sensaciones y del lenguaje, un intricado paisaje que va de lo sublime a lo caótico de una estrofa a otra. Con un manejo de los registros del habla que enriquecen lo poetico de modo que trascienda la retórica común. No lo conozcas ha sido galardonado con el Premio Internacional de Poesia Jaime Sabines 2006, y ahora al ser publicado dentro de la colección Hechos en Palabras, comienza su andar por el mundo. La corriente poética en Chiapas, ha conseguido un lugar preponderante en el trabajo literario de Hispanoamerica teniendo como figuras a algunos de los escritores más representativos del siglo veinte. Sin duda, Jaime Sabines es uno de los más grandes poetas que ha dado esta tierra generosa, a través del Premio Internacional que lleva su nombre, imprime universalidad a su obra y da un renovado impulso al quehacer literario de Chipas, que bajo el auspicio de la nueva administración estatal, se construye a partir de una inquebrantable sensibilidad humanista y de una nueva cultura, donde la palabra y la letra son fuente inagotable de inspiración llevada a los hechos.


Ensayos Literarios (2005-2007)
Mario Nandayapa


Mario Nandayapa, es un poeta, ensayista, investigador y académico, dedicado a cada uno de esos oficios con disciplina, una clara y absoluta convicción de lo que hace. No pretendo elogiarlo, más si reconocer sus múltiples actividades en el campo de la cultura (…) lo cierto es que hoy en día anda sumido en la investigación de los saberes milenarios que hacen la tradición de Chiapa de Corzo, su tierra natal. Para forjarse mas y mejores instrumentos teóricos y técnicos ha estudiado lingüística, antropología, hermenéutica… con el fin de enfrascarse en la lectura minuciosa de documentos con la aguda mirada del poeta y la lupa del historiador, recorriendo, indudablemente teorías poéticas, y obvio, la historia del arte y la literatura (…) Yo no dudo en señalar que en los últimos 25 años en Chiapas, Mario Aguilar Nandayapa, es uno de los que mejor representa su generación (…) Por su dedicación plena a la literatura y su esfuerzo constante a la investigación ha elaborado trabajos que definen y trazan, en su conjunto, un claro proyecto de vida.
Ricardo Cuéllar Valencia


Don Cenizo y… doce más
Ulises Mandujano Nájera


Lo cotidiano puede ser fuente viva de creación artística. El talento imaginativo de Ulises Mandujano Nájera para contraer la realidad inmediata y plasmarla en papel, ya convertida en ejercicio literario, hace de él un creador de historias y un narrador de eficaz soltura, como bien señala Arcadio Acevedo: “Autodidacta, intuitivo, el ritmo y los tiempos de la narración se le dan también por naturaleza a el autor de El Dandy Pérez, la joya de su corona literaria, en opinión de muchos.” Son muchos los ojos y muchas las manos que han pasado por estas páginas, y en cada una de estas Ulises Mandujano ha puesto imágenes, sentimientos olores y sabores que hacen recordar cada historia, dejando imborrable en la memoria del lector a cada uno de sus personajes. Nos congratula poner en circulación, de nueva cuenta, a Don Cenizo y… doce más, abonando así a la tradición chiapaneca de saber relatar las cosas.



Nuestros poetas
Antología


Con el devenir del tiempo se van moldeando las conciencias, fraguando la grandeza, cimentando el espíritu hacia las cosas del alma que en torrente se convierte en voces que cantan al amor, a la patria, a tantas cosas bellas que son como al adorno de nuestra propia vida.

Gracias a la pluma de poetas masones, fue posible reunir esta antología que con intima satisfacción, la Muy Respetable Gran Logia Regular del Estado de Chiapas, pone en vuestras manos con el titulo de
NUESTROS POETAS­
Esperamos que sirva como un sencillo pero fraternal homenaje a su esfuerzo y a vosotros amigos lectores como solaz donde se pueda sublimar el alma.


Jocoso Anecdotario
Jorge Armín Gómez Argüello



Jorge Armín Gómez Argüello es un individuo con características de hombre alegre, ajeno a la penumbra de la antifraternidad, lleno de humor festivo que lacera la tristeza; es dado a escribir poemas y hoy, apartándose de este hobby, nos presenta una serie de sucesos cotidianos en cuya narrativa nos transporta a los luminosos estados de animo de la gracia y el ingenio.

Este anecdotario humorístico o “Jocoso Anecdotario” manifiesta sus vivencvias en cada relato, sus momentos de singular motivo de vivir, su placer por la comparación de la amistad. Lo dice con tal gracia que surge, de inmediato, la sonrisa y hasta la carcajada, pletórica de iniciante humorismo que hace olvidar los malos ratos de la vida.

Desde los rincones de su amistad fraterna muy estrecha de sus “tres alegres compadres”; hasta los distantes encuentros que da la vida en lo cotidiano devenir del tiempo, jorge expresa su acontecer en estas faenas anecdoticas que reclaman ojos del alma para llegar al sentido del humor que manifiesta la explosión de su entusiasmo y lo personaliza con su forma de ser y de expresarse.

Estos “chistosos” relatos nos permiten conocer al autor y saber que ha compartido sus muchos gratos momentos con su gente: fraternos, amigos, compadres…

La Editorial “Gran Logia de Chipas” le da la bienllegada, a Jorge, al grupo de incipientes escritores y acoge este “Jocoso Anecdotario” como elemento del humor que requiere la existencia para hacerla más amena y llena de deseos de vivirla para vivirla bien.

Manuel Arturo Zambrano Mundo

Selección hecha por Gilda Rubí Meza Javier




Método Fácil Y Rápido Para Ser Poeta

Jaime Jaramillo Escobar


Secretos Para Escribir

El principal secreto para escribir no es ningún secreto: consiste en tener muchos secretos y la capacidad de revelarlos. Para ello hay que empezar por dominar el tema. Eso es todo.

Quien se sienta a escribir es porque tiene algo que decir. Mientras no se tenga algo para decir no hay por qué empezar. El famoso cuento de la hoja en blanco todas las mañanas a primera hora sólo ha producido literatura babosa y polucionante. El que necesita una hoja blanca frente a los ojos para empezar a pensar, no es pensador. Primero piense, y después de que haya pensado, vuelva a pensar sobre lo escrito. Reflexionar. Ése es el secreto.

Hay que detenerse un momento a considerar lo que guardan las bibliotecas antes de decidir si pondremos en ellas una hoja más. Porque cada página que se escribe es una página que se agrega a los mejores. No es fácil. ¿Ah?

La teoría dice que escribir debe ser fácil. Escribir sí, relativamente. ¿Pero publicar? Ahí es donde se patentiza nuestra irresponsabilidad y, por su puesto la de los editores.

Cuando era difícil publicar, los poetas tenían tiempo para corregir. Hoy en día, cuando a los escritores se les arrancan de la mano las cuartillas frescas, la literatura, y la poesía especialmente, se convirtieron en un basurero. Consulté sobre eso a varios editores. Me dijeron que no importaba, por que la literatura universal ya se escribió, y todo lo de hoy es reciclable puesto que se trata de repetición. Pero no es de eso de lo que se trata cuando hablamos de poesía. La poesía es otra cosa. Que un joven lleve tu poema junto con dos billetes arrugados, no hay mayor gloria. Si logras eso estás salvado. Por que los jóvenes llevan a sus maestros en el bolsillo.

NOTAS

1. agradecer al lector es conducirle a un lugar muy especial adonde no lo llevó antes nadie, y no a un parque publico. RAMON GÓMEZ DE LA SERNA
2. Bastantes cosas feas hay en la vida. ¿Por qué no olvidarlas, por lo menos mientras leemos? MARCEL PROUST
3. Todo esta dicho, pero como nadie escucha, es necesario volver a empezar continuamente. ANDRE GIDE
4. La forma dramática es esencial para intentar describir las enormes pasiones que devastan hoy nuestras vidas. ARCHIBALD Mac LEISH
5. No hay nada tan difícil en la literatura que la facilidad, que es casi siempre fruto del esfuerzo. MERCEDES LLORET
6. Hacer comprender una cuestión con tan sólo acudir a ella. (Principio griego)
7. La palabra es lo que sobra del silencio. ORLANDO SIERRA H.
8. Si uno no conoce a Homero esta condenado a escribir como él. MARY RENAULT
9. Las muchas páginas, en general, son promesa de tedio y obra de la mera rutina. JORGE LUIS BORGES
10. Cualquier cosa que uno sepa y la omita, queda en lo escrito y se verá su calidad. cuando un escritor omite cosas por que las ignora, parece como si su obra estuviera llana de agujeros. ERNEST HEMINGWAY


[1] Texto tomado de la Agenda 2005. Gobierno de Chapas

miércoles, 25 de marzo de 2009

Yuria 45


Las fotografías que presentamos en este número fueron tomadas por Cintya Ixshel en el Jardín Botánico de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, en un reciente paseo de campo dominical. Dice ella que la belleza también se encuentra en el desorden de las ramas y las hojas de los arboles.


Breve antología Poética de José Emilio Pacheco

Indeseable
No me deja pasar el guardia.He traspasado el límite de edad.Provengo de un país que ya no existe.Mis papeles no están en orden.Me falta un sello.Necesito otra firma.No hablo el idioma.No tengo cuenta en el banco.Reprobé el examen de admisión.Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.Me desemplearon hoy y para siempre.Carezco por completo de influencias.Llevo aquí en este mundo largo tiempo.Y nuestros amos dicen que ya es horade callarme y hundirme en la basura.

La flecha
No importa que la flecha no alcance el blancoMejor así No capturar ninguna presa No hacerle daño a nadiepues lo importantees el vuelo la trayectoria el impulso el tramo de aire recorrido en su ascenso la oscuridad que desaloja al clavarsevibrante en la extensión de la nada

La gotaLa gota es un modelo de concisión:todo el universoencerrado en un punto de agua.La gota representa el diluvio y la sed.Es el vasto Amazonas y el gran Océano.La gota estuvo allí en el principio del mundo.Es el espejo, el abismo,la casa de la vida y la fluidez de la muerte.Para abreviar, la gota está poblada de seresque se combaten, se exterminan, se acoplan.No pueden salir de ella,gritan en vano.Preguntan como todos:¿de qué se trata,hasta cuándo,qué mal hicimospara estar prisioneros de nuestra gota?
Y nadie escucha.Sombra y silencio en torno de la gota,brizna de luz entre la noche cósmicaen donde no hay respuesta.

Mar eternoDigamos que no tiene comienzo el mar Empieza donde lo hallas por vez primera y te sale al encuentro por todas partes

Lluvia de solLa muchacha desnuda toma el solapenas cubiertapor la presencia de las frondas.Abre su cuerpo al solque en lluvia de fuegola llena de luz.
Entre sus ojos cerradosla eternidad se vuelve instante de oro.La luz nació para que el resplandor de este cuerpole diera vida.Un día mássobrevive la tierra gracias a ella
que sin saberloes el solentre el rumor de las frondas.

Memoria
No tomes muy en seriolo que te dice la memoria.A lo mejor no hubo esa tarde.Quizá todo fue autoengaño.La gran pasiónsólo existió en tu deseo.Quién te dice que no te está contando ficcionespara alargar la prórroga del finy sugerir que todo estotuvo al menos algún sentido.

PiedraLo que dice la piedrasólo la noche puede descifrarloNos mira con su cuerpo todo de ojosCon su inmovilidad nos desafíaSabe implacablemente ser permanenciaElla es el mundo que otros desgarramos

Prehistoria
A la memoria de Jaime Sabines
1En las paredes de esta cuevapinto el venado para adueñarme de su carne, para ser él, para que su fuerza y su ligereza sean mías y me vuelva el primero entre los cazadores de la tribu. En este santuario divinizo las fuerzas que no comprendo.Invento a Dios,a semejanza del Gran Padre que anhelo ser,con poder absoluto sobre la tribu.En este ladrillotrazo las letras iniciales,el alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.La M es el mar desconocido y temible.Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,habrá un solo Dios: el mío.Y no tolerará otras deidades.Una sola verdad: la mía.Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.Habrá jerarquías, memoria, ley:mi ley: la ley del más fuertepara que dure siempre mi poder sobre el mundo.2Al contemplar por vez primera la nocheme pregunté: ¿será eterna?Quise indagar la razón del sol, la inconstantemovilidad de la luna,la misteriosa armada de estrellasque navegan sin desplomarse.Enseguida pensé que Dios es dos:la luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego,O es dos en uno:la lluvia / la planta, el relámpago / el trueno.¿De dónde viene la lumbre del cielo?¿La produce el estruendo? ¿O es la llamala que resuena al desgarrar el espacio?(como la grieta al muro antes de caerpor los espasmos del planeta siempre en trance de hacerse).¿Dios es el bien porque regala la lluvia?¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?¿Dios es el agua que cuando falta aniquilay cuando crece nos arrastra y ahoga?A la parte de mí que me da miedola llamaré Demonio.¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?Porque sin el dolor y sin el malno existirían el bien ni el placer,del mismo modo que para la luzson necesarias las tinieblas.Nunca jamás encontraré la respuesta. No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo. Se acabó el que me dieron.3 Ustedes, los que escudriñen nuestra basuray desentierren puntasde pedernal, collares de barroo lajas afiladas para crear muerte;figuras de mujeres en que intentamoscelebrar el misterio del placery la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo-enigma absolutopara nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje-,lo llamarán mamut.Pero nosotros en cambiojamás decimos su nombre:tan venerado es por la horda que somos.El lobo nos enseñó a cazar en manada.Nos dividimos el trabajo, aprendimos:la carne se come, la sangre fresca se bebe,como fermento de uva.Con su piel nos cubrimos.Sus filosos colmillos se hacen lanzaspara triunfar en la guerra.Con los huesos forjamosinsignias que señalan nuestro alto rango.Así pues, hemos vencido al coloso.Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.Qué lástima.Ya se acabaron los gigantes.Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.4Mujer, no eres como yopero me haces falta.Sin ti seria una cabeza sin troncoo un tronco sin cabeza. No un árbolsino una piedra rodante.Y como representas la mitad que no tengoy te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,diré: nació de mí, fue un desprendimiento:debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.
Tu fuerza me da miedo.Debo sometertecomo a las fieras tan temidas de ayer .Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,labran los campos, me transportan, me cuidan,me dan su leche y hasta su piel y su carne.Si no aceptas el yugo,si queda aún como rescoldo una chispade aquellos tiempos en que eras reina de todo,voy a situarte entre los demonios que he creadopara definir como El Mal cuanto se interpongaen mi camino hacia el poder absoluto.



Cuento de espantos

Violó la cripta a medianoche. Halló su propio cadáver en el sarcófago.

Nadie
En el valle ocurre un hecho sobrenatural. Un labrador sale de su choza para atestiguar el prodigio. Dialoga unos minutos con el que hizo el milagro. Al volver, su esposa le pregunta: — ¿Quién era?— El labrador toma asiento a la mesa y responde: —Nadie. Era Dios.

Segundo centenario del nacimiento de Poe
Enrique Vélez

En Nueva York en noviembre de 1845, siendo propietario y editor del THE BROAD WAY JOURNAL en medio de su desesperación y recién salido de una aguda depresión que lo mantuvo en cama por más de dos meses, escribe Poe a su amigo Evert A. Duyckinck, famoso editor en dicha ciudad y conocido por su CYCLOPEDIA FOR AMERICAN LITERATURE: Creo que estuve loco, y en verdad creo que he tenido muchas razones para estarlo y la razón para escribirle esta nota , (una vez más) es para implorar su ayuda. Por supuesto que ni siquiera necesito decirle que mi problema más urgente es el de necesitar plata en efectivo. Encuentro que lo que le he dicho en relación con los prospectos del Broad Way Journal es estrictamente correcto. Un alivio inmediato lo pondría en excelente circulación. En diciembre de 1853 en París, también en medio de sus tribulaciones económicas y sus persistentes dolencias físicas Charles Buadelaire escribe a su editor y amigo Paul-Emmanuel-Auguste Poulet Malassis, quien le publicara sus Flores del mal: “Le pido no diré que muy insistentemente, porque sería decirle una impertinencia, le pido simplemente, si ello es posible, en cuanto reciba mi carta, una suma cualquiera. Para mí se trata sencillamente, de lograr algunos días de descanso, y de aprovecharlos para terminar unas cosas importantes que darán un resultado positivo, el mes que viene. En cuanto a mí, mi vida, como ya lo adivina, estará siempre hecha de cóleras, de muertes, de ultrajes, y sobre todo de descontento de mi mismo.”
Dos colosos de la literatura y la poesía similares en muchos aspectos implorando comprensión y ayuda económica, convulsos en el sórdido laberinto del alcohol y las drogas, inmersos en la enfermedad definitiva en pertinaz carrera contra la muerte que ya acecha y la vaga e impalpable fama literaria. Transidos de desolación y desesperanza, cada uno en mundos literarios diferentes, el primero en Estados Unidos y el segundo en Francia, pero mundos literarios que no los comprendían ni aceptaban dada la supremacía que había adquirido en el mundo lo material sobre lo espiritual. Dos luchadores sin tregua de la idea y de la pluma, delirantes, obcecados, quijotes en la expresión.
Contemporáneos en buena parte de sus vidas, Edgar Allen Poe (Boston, 19 de enero de 1809. Baltimore, 7 de octubre de 1.849), Charles Pierre Baudelaire (9 de abril de 1821, 31 de agosto de 1.867), Poe: periodista, crítico, poeta y escritor, Baudelaire: traductor francés, crítico de arte y poeta por excelencia, los dos huérfanos de padre desde muy jóvenes y por consiguiente en su adolescencia, sometidos en su indefensión a los caprichos de sus padrastros. Poe, aunque nunca fue adoptado formalmente tomó el apellido Allan de su padrastro quien, por caridad, lo recogió al morir sus padres. Baudelaire siempre odió al suyo Jacques Aupick, vecino de cuarenta años, con quien, muerto su padre, su madre contrajo matrimonio cuando él apenas contaba con siete años y unión que él a lo largo de su vida entendería como ausencia de amor maternal y que lo marcaría emocionalmente en forma indeleble por el resto de sus días.
Desde 1848, el año anterior al de la muerte de Poe, empieza Baudelaire a escribir sobre la genialidad del americano y continuaría haciéndolo hasta comienzos de los años sesenta, tres o cuatro años antes de su propia muerte. Es Baudelaire quien descubre para Europa y si se quiere para el mundo a ese huérfano de padres, huérfano del verdadero reconocimiento literario que merecía y huérfano de fortuna, que murió a sus escasos cuarenta años en Baltimore hambriento, harapiento y tirado en una zanja. Baudelaire lo traduce, lo interpreta y lo vive en él mismo, al punto de afirmar que había descubierto en Poe ideas y frases enteras que él mismo ya había textualmente concebido. Y no podía ser de otra forma pues fueron seres que padecieron de los mismos fantasmas: soledad, abandono, miseria, enfermedades prematuras, envidia literaria, alcohol, drogas y profunda pobreza, provocadas en buena medida por el pensamiento burgués de la época, similar al de hoy, que ve al artista no solo como un ser insignificante que busca lo absoluto y lo profundo en contraposición a lo pragmático, al resultado palpable y material que es la esencia de la moral burguesa y que redujo con saña y sin miramiento moral alguno sus existencias a niveles de indigencia.
Es justo, en la conmemoración de los doscientos años de nacimiento de Poe, exaltar su memoria y de paso la de su amigo en la sombra, que nunca conoció, por haberlo entendido con justicia y haberle reconocido su verdadero valor inconmensurable de escritor y de poeta, al punto que nunca sospechó que Poe sería pilar fundamental de la literatura de su patria y del mundo, con marcada influencia en el simbolismo francés y el surrealismo posterior. Paz en sus tumbas.

En Revista Con-fabulación, la nueva alternativa de la prensa No. 79


El retrato oval
Edgar Allan Poe

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban.
Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.
Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.
No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:
"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada: ¡Estaba muerta!"


Poesía y sociedad: una lectura de la poesía de Jaime Sabines

Ricardo Cuéllar Valencia

Los poetas alemanes del siglo XIX tuvieron una fascinación especial por la filosofía. Varios de ellos se iniciaron como poetas y mantuvieron una cercana amistad con los poetas de su tiempo. El caso típico es el de Hegel y su cómplice amistad con Hölderlin. Prosistas y poetas pensaron y elaboraron teorías sobre sus oficios literarios con rigor crítico y filosófico. Frederich Schelegel realizó un memorable ensayo sobre el Romanticismo. En él sostiene que de los movimientos literarios, el primero que se universalizó en Occidente fue ciertamente el romántico. Más tarde, Octavio Paz plantearía que el Romanticismo es una poética, una erótica, una política, una manera de vivir. En efecto, el Romanticismo recoge de manera pausada y decisiva aspectos propios de la sensibilidad humana: quién que es no es romántico, dijeron los románticos en el profundo sentido del término; es decir, percibir los juegos y rejuegos de las pasiones que desde siempre los individuos en sociedad han vivido. Ellos detectaron y dieron sentido poético y filosófico a la sensibilidad y, al nombrarla, gracias a su agudo acercamiento a la subjetividad, lograron construir su universalización en la medida que lo romántico ocupó los más importantes espacios, no sólo de la subjetividad humana, ya que supo habitar prácticas sociales, p. ej., la política, sin olvidar además el redescubrimiento del erotismo de manera concluyente. Se llegó a vivir, a pensar, en los órdenes individual y colectivo, de manera romántica. En lo fundamental, el Romanticismo fue revolucionario. Todo ello, en principio, llevó a interminables consideraciones metafísicas. El encuentro del Romanticismo con el Parnasianismo y el Simbolismo en la segunda mitad del siglo XIX dio obras que marcaron la modernidad. Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé son poetas que elucidan este asunto. La poesía, en sentido estricto, vuelve a comenzar. Es la ruptura crítica que no olvida lo mejor de la tradición. Los movimientos de vanguardia, iniciados en el siglo XIX –de manera dispersa– se conocieron en varias lenguas, en la literatura, la arquitectura, la música, la escultura, la pintura y habían de hallar para después, en el exquisito siglo XX, su momento de esplendor. Todos los ismos conocidos, como el Futurismo, el Ultraísmo, el Creacionismo y especialmente el Surrealismo, bebieron de los postulados y aportes del Romanticismo, y más que en un movimiento o tendencia, éste se convertirá en una visión del mundo, en una manera de asumir la vida y la literatura. El Romanticismo es, por tanto, una intensa polémica, tan fecunda y lúcida que lega manifiestos, ensayos de interpretación y obras en Europa, Estados Unidos e Hispanoamérica.
Un hallazgo inobjetable es la lectura y aplicación del aporte de Freud en cuanto a la posibilidad y necesidad de conocer, indagar en el inconsciente individual y colectivo (Carl Jung). Poesía e historia, poesía y política, poesía y religión, poesía pura, poesía negra, poesía indígena serán, en el devenir del siglo XX, relaciones pensadas, trabajadas desde variadas posturas y posibilidades con obras teóricas y prácticas de primer orden. Afirma Octavio Paz que el Surrealismo es una manera renovada del Romanticismo. Tres fueron sus principios, y André Bretón los define: libertad –sin cortapisas–, los sueños –como vida inconsciente–, e, indudablemente, amor –como reinvención.
Luis Cardoza y Aragón, entendió que el Surrealismo ha sido, es y será. Las diferencias críticas y analíticas y, a veces, antagónicas formas de interpretación entre él y Octavio Paz son una buena muestra de la dimensión de la riqueza en México e Hispanoamérica de los alcances literarios, éticos y filosóficos del Surrealismo. El descubrimiento científico y literario del inconsciente ha marcado, con singular y decisivo sentido, el espacio del pensamiento, con énfasis particular en el arte y la literatura. Pensar y crear desde Freud y el Surrealismo es otra cosa. Mirar hacia dentro es mirar hacia fuera, y describir lo real es intentar mirar hacia dentro.
Tardío, dependiente y rezagado fue el Romanticismo en Hispanoamérica. Más allá de la historia y crítica literarias que develan las luces de nuestros poetas románticos es necesario señalar que algunas de sus obras llegaron a ser leídas y aprendidas de memoria. Que ciertos poetas eran escuchados en salones, dentro y fuera de los palacios de gobierno, en plazas públicas, en auditorios universitarios, en distintos eventos sociales. Es un hecho histórico que indica que esos poetas lograron comunicarse con amplios sectores de la realidad. El fin del siglo XIX contó con escritores gramáticos y poetas en el poder del estado; presencia que se prolongó, hasta cierto momento en el XX. Y ya no fueron todos románticos.
Tres presencias son significativas: Rubén Darío, Pablo Neruda y Jaime Sabines. Aunque cada uno es diferente y posee su propia historia, lo relevante es la aproximación social de la poesía que lograron.
La aproximación social de la poesía en el siglo XX, además del papel que juegan en los últimos años los medios de comunicación, es un fenómeno singular que revela una actitud que debe tenerse en cuenta y explicarse.
Es necesario detectar las raíces que en el siglo XIX favorecieron el encuentro entre amplios sectores de la sociedad y los poetas. Una sociedad sacudida por procesos socio-políticos de marcada inestabilidad, el desarrollo de los medios de comunicación –periódicos y revistas–, la radio y más tarde la televisión, contribuyeron a aquilatar la sensibilidad humana. Lo que era familiar e íntimo, de celebración social en un salón, se fue expandiendo hacia espacios públicos. Cuando los poetas tocaban el dolor y la muerte, la soledad y la tristeza, no eran simples divagantes, nostálgicos y/o despreciables románticos. Ellos se acercaron e identificaron desde sus miserias y fracasos personales a los de muchos otros. Poesía y sociedad, desde ciertas y determinadas verdades e intimidades humanas, fueron construyendo puentes que hasta nuestros días se multiplican.
En Hispanoamérica la poesía se realiza como lectura pública en el siglo XX, fuera de las élites. En Europa los lectores ya habían logrado crear sus propicios senderos desde los Siglos de Oro, especialmente por medio del teatro y de precarias ediciones populares de poesía, incluso era frecuente la circulación de aquellas en manuscritos. A fines del siglo XIX, los románticos en Hispanoamérica, sin proponérselo, propiciaron el despertar agazapado de la sensibilidad social por la poesía. Ellos fueron los primeros sorprendidos. En ese encuentro se fue elaborando secretamente un diálogo entre el poeta y los receptores en las recientes sociedades semi-industriales. Surgieron, en distintas partes, posturas que pretendieron hacer de la poesía una pancarta. Otros desearon conservar el intimismo. El siglo XX es depositario de esos planteamientos, intentos y, muy especialmente, del diálogo con una sociedad sacudida, socavada, a veces aterrorizada por las escaramuzas y batallas internas y, obvio, los ecos de la Primera Guerra Mundial, un poco lejanos, en general, aunque ruidosos y atronadores, en las ciudades que apenas dibujaban sus rostros, un poco ya desfigurados.
Fue principalmente en Hispanoamérica donde se logró movilizar con la palabra poética a cientos de personas. En la Ciudad de México se realizó una nutrida manifestación cuando el poeta Rubén Darío no pudo llegar a leer sus poemas, dado que su calidad de diplomático había sido suspendida al ser derrocado el gobierno que representaba. Los biógrafos recuerdan la muchedumbre que acompañó el féretro del poeta a la tumba.
La poesía amorosa y social de Pablo Neruda conmovió a los poetas contemporáneos, a los jóvenes y a amplios sectores de la sociedad hispanoamericana y también en Europa. Fue uno de los que contribuyó con mayor fuerza a llevar la poesía por los caminos de la vida, por sus dolores y alegrías, los goces del amor y muy especialmente de los sentidos –entre ellos el gusto y el olfato, la vista– en tanto que iniciaba la búsqueda renovada de ser otro, de salir del mutismo lacerante para que la palabra recuperara la vida natural o espontánea, íntima y social de los individuos.
Va a ser uno de sus mejores discípulos, un verdadero rebelde, irreverente, nacido en el sur de México, Chiapas, en la capital, Tuxtla Gutiérrez, Jaime Sabines, el que logre fortalecer como ningún otro de sus contemporáneos, ese diálogo entre el poeta y la sociedad.
Fenómeno un tanto extraño resulta que Jaime Sabines desde joven se comportó como un anti-intelectual. Prefirió sólo escribir y publicar sus libros, escasamente colaboró en revistas. No era afecto a la autopromoción en periódicos, suplementos, revistas, menos el reiterado invitado a reuniones de poetas o encuentros de escritores. Le molestaba el vano narcisismo. En su poesía lo dice críticamente con agudo, a veces cruel, sentido del humor. Salvo cuando salía a la luz pública un libro suyo e inevitablemente sus amigos y amigas promovían la indispensable presentación, en un principio en la Universidad Nacional Autónoma de México. Los registros y notas que aparecen en periódicos y revistas que hemos revisado de la segunda mitad del siglo XX, así lo dan a entender. Un día la paradoja lo deja sin aliento. Los premios lo asaltan. Crecen los escenarios públicos y se multiplican y crecen y crecen sorpresiva y sorprendentemente. Los homenajes lo atrapan. El poeta no es capaz de resistir a las invitaciones. Lo doblegan los lectores, y sobre todo, los asistentes a sus recitales multitudinarios. El asombro embarga a todos. ¿Qué sucede?
En varias ciudades hispanoamericanas, especialmente en el centro, norte y sur de México, en conversaciones con jóvenes poetas, desde hace 25 años, nos ha conmovido escuchar respuestas a los más disímiles asuntos con versos enteros de Sabines intercalados en el discurso. Es evidente la apropiación social de la poesía de Jaime Sabines. Es apenas justo señalar que la poesía sabiniana toca fibras profundas; que su palabra ha llegado a detectar verdades esenciales; que la poesía del chiapaneco –no encuentro otras palabras más precisas– es rebelde, sincera y humana. Esto no quiere decir que sea el único que posea estas virtudes. Todos los poetas buscan ser auténticos, en algunos casos ser rebeldes, nadie duda de su sinceridad, más allá de las elusiones y dificultades para su lectura; humana es toda la poesía escrita en tanto la hace viva el lenguaje, aunque algunos poetas se encierren en las altas cumbres del pensamiento y la inteligencia. La diferencia reside, primero, en la real y exacta rebeldía de éste o aquél. Las rebeldías varían con la época y la cultura, la sociedad y el tipo de poetas, incluso en los festivos hermetismos del culteranismo y el conceptismo o el neo-barroquismo hispanoamericano, aunque tan elitistas, nos encontramos con geniales revolucionarios. Han existido momentos donde la palabra poética se ha encumbrado a festejar la inteligencia, las gravedades del conocimiento, las finuras de la sutileza con la que es posible establecer verdaderos gozos intelectuales por los más exquisitos laberintos de la filosofía, el lenguaje, los metalenguajes, y las teorías de las ciencias.
Lo singular en la escritura de Jaime Sabines es que se aleja de esas búsquedas y con una radical intención, desde el principio de su ejercicio, busca la profundidad en la piel, en lo vivamente existencial. Cuestiona los asuntos filosóficos fundamentales, y con una muy personal máscara, recurre a ciertas imágenes e ideas dispuestas con una aparente simpleza, las deja signadas, con profundidad filosófica, sin advertirlo. Centra su escritura en el territorio real, concreto del cuerpo, en los espacios de sus pasiones, deseos, soledades, dichas y desdichas. Sobre todo en los goces del amor y en la inconfundible, inevitable muerte en todas sus rancias presencias. Varios estudiosos y poetas coinciden en señalar que Sabines recurre a un lenguaje descarnado. Aún más: pone en escena aspectos de las pasiones que habían sido velados por la hipocresía, la moral dominante, los falsos pudores. En este sentido él sabe establecer con verdadera genialidad una relación estrecha y oculta con grandes rebeldes que asume con una sutileza abiertamente desconocida, desconcertante e innegable para sus lectores cultos. Existe un diálogo en el que asume y al mismo tiempo critica o se distancia con la poesía de Milton, Blake, Quevedo, Darío, Vallejo, Huidobro y Neruda. En cambio, para ciertos lectores llega con una frescura tal que parece un iluminador extraordinario. Este fenómeno tiene que ver con la manera en que aborda las palabras y, por ello mismo, es posible observarlo alejado de los trillados cantos al amor o el olvido, el erotismo y el placer. Sabines da cuenta de las distintas maneras de cómo el deseo y el amor son en nosotros. Veamos.
La poesía amorosa de Sabines no se reduce a los placeres que emanan de la sexualidad humana. En su poesía la sexualidad recorre momentos de exquisita ternura en ciclos. Cuando el deseo es voluptuosidad deseante, sabe cantar los instantes previos que envuelven al amoroso en la deleitosa zozobra del encantamiento. Se trata, para el poeta, de ese tipo de mujeres, o musas, que portan el hálito, el aura de la sensualidad a flor de piel y que irremediablemente perturba a un amoroso. Ese perturbado delira incontrolado y su deseo se explaya en juegos, en ciertos encuentros, perversos. Otro momento que el poeta detecta y canta es aquel en el que los amorosos después de haberse gozado, de los pies a la cabeza y viceversa, se dejan llevar por los dulces furores del reposo sensual y hablan en silencio y se observan sin mirarse y lloran sin lágrimas y juegan como niños desde la sabiduría que los habita. Yo no lo sé de cierto, lo supongo.
Existe en la escritura de Jaime Sabines una zona de la poesía no reconocida por la historia y la crítica literaria contemporánea, la de tipo místico. En efecto la observamos con una radical diferencia a la tradicionalmente llamada así. En la palabra del poeta chiapaneco nos encontramos con la memoria deseante del solitario o con el deseo fluyente, por realizarse, de éste. Allí la palabra es habitada por una misticidad generada por el deseo que en ese doble movimiento le permite lo que suele llamarse un éxtasis, mejor dicho, contemplación o recreación efectiva y eficiente. El deseo no se aleja de la sensualidad, se trata exactamente de la memoria del deseo. Nada de idealización o sublimación. Es posible entonces hablar de una subversión de la mística en la medida que el amoroso no levanta los ojos de la contemplación al cielo, más sí fija su mirada en el cuerpo real imaginado –poseído o por poseer– con la gracia deleitosa del placer que evoca e invoca.
Los diálogos desde la soledad, en la calle o la cama, con ella, la amada, son otras maneras de cómo la poesía de Jaime Sabines se realiza en los encuentros amorosos.
Una notable forma, lograda con belleza y suma eficacia son las delicadas declaraciones de amor que dejan atrás la sensiblería de todos los tiempos. Más que declaraciones de amor nos encontramos con la realización poética de un encuentro carnal fascinante en el que el hombre ha llegado a descubrir, en el cuerpo de la mujer, la secreta porción de la plenitud amorosa, sensual y erótica que a uno y otro pertenece. También habita en la palabra poética sabiniana el inocultable olvido.
Lo que podemos advertir por lo apenas señalado es que su poesía logra ir más allá de la socorrida trivialidad, más allá de la nostalgia, del deleite morboso, conceptual o simplemente imaginario para llevar o instalar a sus lectores en diferentes momentos de la vida amorosa, tan secretamente cifrada en su vertiginosa y múltiple presencia.
No ignoramos la rica tradición poética oriental, occidental, africana y prehispánica que recrea los mejores momentos del amor humano, entre dos seres. Sabines se distancia y al mismo tiempo viene de ciertos sabios cantos. Intertextualizar es trabajo arduo que dejamos para otro momento y seguramente para otros.
No pensamos en la supuesta poesía popular de Jaime Sabines. Esa idea es un invento de ciertos periodistas anonadados por las multitudes. Sabines nunca buscó ser popular o famoso. De quienes lo pretendieron se burló, y escribió asimismo con absoluta sinceridad, varios poemas irónicos y cáusticos. El temperamento de Sabines no le permitió la vanidad pública. Por ello se alejó, desde el principio, del mundo repetido de las tertulias, de los periódicos, de las revistas y demás focos de atención a su persona. Esta fue una postura clara y definida a lo largo de su vida. Si se revisan las publicaciones literarias mexicanas de la segunda mitad del siglo XX es posible observar que Jaime Sabines no figura en las reseñas de los poetas que van y vienen, que dictan conferencias o participan constantemente en recitales. Son escasas, muy escasas sus presencias públicas. Fueron los lectores, especialmente los universitarios, los que se encargaron de romper sus diques y llevarlo a los escenarios. Era difícil convencerlo para que saliera de sus aposentos u oficios de peatón. Los últimos quince años de su vida fue colmado con reconocimientos. La enfermedad y, sobre todo, una obra sólida y aplaudida, lo condujo a conceder entrevistas y dejarse llevar a algunos espacios. Los aplausos lo sobrecogían y lo dejaban, claro, alegre, pero con una cierta pesadumbre. No era un poeta que supiera o deseara construir una vida pública como escritor. Sin buscarlo encontró el espacio privilegiado, deseado por todo poeta vivo: celebrar la poesía con un numeroso público convocado sólo por la gracia indecible de su obra. Ningún poeta hispanoamericano en los últimos cincuenta años lo ha logrado como él.
De todo lo señalado dan cuenta varios ensayistas, algunos de sus amigos, y especialmente las entrevistas reunidas en este libro.


BIBLIOGRÁFICAS
Gabriel García Márquez. El viaje a la semilla. La biografía.
Dasso Saldívar
BIOGRAFIAS VIVAS ABC

Gabriel García Márquez. Si el realismo mágico y el “boom” de la literatura hispanoamericana abrieron caminos de renovación insospechada a la novela en español. La obra primordial de Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad, constituyó su autentica seña de identidad. Los misterios de su vida y pasión por la escritura fueron investigados por el autor de este libro, que viajó a los lugares habitados por sus familiares y amigos, realizó centenares de entrevistas y se sumergió en las hemerotecas y archivos de varios países en busca de datos relevantes. El resultado es una visión completa y profunda de la vida del Premio Nobel colombiano, en uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo.

Dasso Saldívar tras abandonar los estudios de Derecho, cursó Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, donde reside desde 1975. Ha ejercido la crítica literaria y el periodismo en medios de comunicación de América y Europa, y ha colaborado en programas culturales de RTVE, el periódico El Espectador y en revistas como Cuadernos Americanos y Afrique-Asie. Obtuvo el Premio “Jauja” de cuentos y es autor de distintos estudios sobres Cesár Vallejo. Augusto Roa Bastos y Álvaro Mutis.

Cómo se cuenta un cuento
Gabriel García Márquez
TALLER DE GUIÓN DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


“Lo que más importa en esto mundo es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ese que hace que el simple deseo de contar historias se contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morirr de hambre, de frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?”
Gabriel García Márquez

Cómo se cuenta un cuento recoge, junto con La bendita manía de contra y Me alquilo para soñar, la experiencia del taller de guión coordinado por el premio Nobel de literatura en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba.
En este volumen, Gabriel García Márquez revela algunas claves fundamentales para la creación de un texto, los elementos del complejo proceso de elaboración de una historia, de una ficción en palabras, exponiendo asimismo las aristas de su propio trabajo creativo.

La lengua ladina de García Márquez
Margret S. de Oliveira Castro
AMAZONAS

“… habían llegado unos forasteros que parloteaban en lengua ladina pues no decían el mar sino la mar y llamaban papagayos a las guacamayas, almadías a los cayucos y azagayas a los arpones”. Desde Ojos de perro azul hasta Memoria de mis putas tristes, García Márquez, busca y encuentra para cada palabra la acepción, la tonalidad, el matiz o el sesgo apropiado. Este libro recoge gozoso ese manantial.
De suerte que su lectura, sin importar el orden que se proponga el lector, es el ingreso a un océano de palabras sin orillas lleno de entretenimiento. La lengua ladina de García Márquez es poco más que eso: entretención de la primera a la última página y la única forma de hacer pie en tierra firme es volver, una y otra vez, a disfrutar del peregrino encanto de su obra.
Haciendo eco del desconcierto del anciano granítico que gobierna durante centurias en El otoño del patriarca, los lectores del escritor colombiano podrían exclamar: “¡Carajo, qué bárbaros que son los métodos de García Márquez, comparados con los nuestros.”

Artes de releer a Gabriel García Márquez
Julio Ortega- Compilador
JORALE EDITORES

Este homenaje a Gabriel García Márquez es una compilación de testimonios de lectura, textos críticos y prosa de varia invención entorno a la obra del Nobel colombiano. El tomo busca levantar un balance de la lectura de esa obre, a la luz de la publicación de la memorias del autor. Esas memorias son no solamente una relectura de sus novelas sino también una novelización de su propia vida. Escritores y críticos latinoamericanos, así como españoles y de varias latitudes, suman en este libro el testimonio de la recepción de la narrativa de Gabriel García Márquez en una celebración de us signo latinoamericano y universalidad creativa. En la compilación sobre salen los nombres de artistas como: Helena Araújo, Antonio Benítez Rojo, Lisa Block de Behar, Alicia Borinsky, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Carrión, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Correa-Díaz, Carlos Cortés, Felipe Cussen, Arturo Echavarría, Gustavo Faberón-Patriau, Eloy Fernádez-Porta, Juan Francisco Ferré, Rodrigo Fresán, entre otros.

Los García Márquez
Silvia Galvis
OCEANO


“Esta familia tiene Nobel, ingeniero, monja, periodista, comerciante, cónsul y bombero, pues también tenía que tener oveja negra y ese soy yo” dice Margot García Márquez que dijo Alfredo, Caqui, García Márquez, en frase que es verdadera descarga de humor cerrero.
Hay consenso entre ellos de que los once hermanos García Márquez se dividen en dos: los conversadores y los callados. Los primeros son Jaime, Ligia, Aida, Gustavo y Hernando. Los silenciosos son: Margot, Luis Enrique, Rita y Eligio. Gabo, Gabito, García Márquez (con los tres apelativos aparece este libro) pertenece a ambos bandos; es decir, habla y escucha por igual. Rescatar episodios de la vida de los García Márquez, los inéditos, los no conocidos, los no famosos; recoger la historia de la familia y de sus miembros, uno por uno, fue la idea de Silvia Galvis (escritora y periodista colombiana con varios textos públicados y columnista del diario El espectador de aquel país) cuando decisión trabajar en la preparación de este libro.
Un año pasó desde que le vino la idea hasta lograr la primera entrevista; y el primer García Márquez que supo el proyecto fue Eligio, el periodista y Benjamín de la familia, y no le sonó.


PIEDRA DE TOQUE

DEL DIARIO DE ODACIR

MI ENCUENTRO CON GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


Ricardo Cuéllar Valencia

Invité a Gabo a sentarse en la silla que estaba a lado de la mía alrededor de nuestra mesa. El café Opera se encontraba casi lleno; la mayoría de los que acuden a cenar allí son escritores, músicos, pintores, artistas o amigos de ellos. Aceptó de inmediato compartir con nosotros. Ya venía preparado, (luego lo supe), había pedido permiso a su esposa para conversar con los paisanos. Lo primero que dijo, husmeando en el entorno, para saludar fue: esta mesa huele a colombiano. Ordenó una copa de coñac. Brindamos por el honor de conocernos.
La música mexicana, interpretada por un trío, con instrumentos tradicionales, sonaba de mesa en mesa, con delicado y grato tono. Un enorme espejo barroco instalado a la izquierda da la impresión de un salón del siglo XIX. No se escuchaba el ruido vocinglero de las conversaciones. Dirigiéndose a mi con gesto amable e indagándome dijo: ¿Qué tal Chiapas, cómo le va por allá? Hay tiempo para todo, hasta para escribir, le dije y soltó una carcajada que contagió a los otros contertulios. Y comentó: Eso le pasa por meterse a vivir en el trópico. Algo de paraíso tiene el trópico, pero también de infierno; más de infierno que de paraíso. Y lo peor es que no hay purgatorio. ¿O sí? Nada, contesté. Allí se navega de las lluvias torrenciales a los calores qua ahogan. La única pausa la ofrece una cerveza a las dos de la tarde. Todo lo demás es delirio. Y remató con una frase: se ve que amas la tierra donde vives.
De pronto cambió el sentido de la conversación y me dijo afirmativamente: Es usted caldense. ¿Cómo lo sabe? Hombre: he recorrido toda Colombia, kilómetro a kilómetro, conozco el país al dedillo; cuando trabajé como periodista me la pasaba de norte a sur y de oriente a occidente. Su tono de voz y gestos no son los típicos de los antioqueños, nerviosos y directos, ni tan pulidos e indirectos como los de los bogotanos. Soy una síntesis de los dos pues mi madre era caldense y mi padre bogotano, le comenté. Eso deletreaba. Estas son las ventajas de ser viajero desde antes de nacer, sentenció.
Me dice Mutis que eres lector de Simón Bolívar. Me apasiona, le respondí, es un poeta de primera. No sólo por sus hazañas épicas cantadas por varios poetas, sino su vida amorosa, que fue una aventura donjuanesca de tipo bayroniana, pero con rasgos muy propios. Eso es cierto. Escribo una novela sobre sus amores. Esa es la novela que hacía falta sobre Bolívar, anoté. Sí pero tengo dudas y me faltan algunos detalles. Por ejemplo: que mes y día exacto llegó Bolívar a La Dorada, antes de embarcarse por el río Magdalena para Santa Marta. El que sabe de esos detalles es Gustavo Vargas Martínez, le respondí. Si, hablo con Gustavo dos o tres veces a la semana. Y ¿Cuál es el argumento central? No se puede contar. Les digo la verdad: ya dejé la idea de los amores de Bolívar. Me trastornó descubrir el Diario de Prospero Reverend. He cambiado el rumbo de la novela. Es otra. Ya verán.
Había llegado yo de Tuxtla Gutiérrez a principios del mes de junio de 1984 a la Ciudad de México. Las Jornadas durante toda una semana, concluidas un viernes, resultaron muy gratas por la presencia de amigos y escritores mexicanos y colombianos. Presentamos el libro de Fernando Vallejo Barba Jacob el mensajero. Fernando se negó a asistir personalmente para comentar su biografía del poeta antioqueño. Yo no tengo nada que hacer allí, digan ustedes lo que se les antoje, fue su comentario a Fabio Jurado. Fabio escribió un lúcido texto y así presentamos el trabajo de ese iconoclasta, muy poco conocido en México, por entonces. José María Espinaza habló de la obra narrativa, inconclusa, del caleño Andrés Caicedo. Varios poetas y narradores residentes en México leyeron algo de su obra inédita. Un ensayista costeño presentó un trabajo original e inédito sobre las relaciones y deudas de la poesía de Álvaro Mutis con la de León de Greiff. Mutis, que se encontraba entre el público, asentía los bien fundamentados análisis de Ariel Castillo. Me dijo, estaba yo a su lado: este hombre sabe más que yo de mi poesía. Lo voy a contratar como espía. Nos reímos. Se lo dijo al finalizar la conferencia y agregó: Publica esa vaina, vale la pena que se conozca, claro, con algunas salvedades.
Apenas había salido al mercado El amor en tiempos del cólera de García Márquez y se me ocurrió comentarle al maestro que el azar me había puesto a mi lado esa noche: que maravilla que se atreva a escribir una novela de amor, tema tan mal tratado y casi en desahucio. Hombre, respondió de inmediato: ¡hay que ser romántico descarado! Era, continuó, un tema que tría en la cabeza hace años. La escribí al mismo tiempo que otros trabajos. Me costó mucho. Obvio que cuento mi vida, la de mi padre y mi madre y mucha ficción, como debe ser. Es una novela que quiero mucho. Su dedición de defender el amor a capa y espada me anima a publicar mis poemas de amor, observé. Me dijo: lo importante es no caer en la cursilería, en los lugares comunes y menos repetir a Neruda. Déjeme leerlos cuando guste. Los paisas son buenos poetas.

Traía causalmente dos libritos míos y aproveche para dárselos. Con timidez se los ofrecí. Mi trabajo Simón Bolívar y las guerras de independencia en la Nueva Granada y el poemario Fatiga de los cereales. Me pidió que se los dedicara. Un gesto me sorprendió. Tomo los libros en sus dos manos y los mantuvo en ellas hasta que se levantó de la mesa. En ningún momento los colocó sobre la mesa y menos los llevó al bolsillo de la chamarra de gamuza café que portaba. La delicadeza del gesto me dejó admirado por su respeto por el otro. Nunca había observado un acto de esa naturaleza de un escritor frente a otro, más allá del valor literario de lo ofrecido.

Me encanta conocerlo por azar y no por medio de una cita previa, le comente. El azar es definitivo. Mi vida esta hecha de azares maravillosos, advirtió y empezó a narrar la manera como por un encuentro brindado por el azar le fue posible obtener la beca que lo llevó a estudiar el bachillerato en el Colegio de Zipaquirá, población cercana a Bogotá. Fue una exquisita narración oral como suele hacerlo cada vez que se encuentra entre amigos.
Uno y otro de los compañeros presentes en aquella reveladora noche en el café Opera hacía preguntas al maestro de la escritura literaria en Hispanoamérica que generosamente había decidido acompañarnos para departir un buen rato. Nos comentó de sus estancias en Barcelona, en especial cuando escribió El otoño del Patriarca. Y por qué Barcelona, le comentó Oscar Castro. El clima y la distancia fueron determinantes, afirmo sin más explicaciones; del encuentro con Neruda en Santiago de Chile: es un poeta que admiro mucho, sobre todo por la Primera residencia en la tierra, allí es magistral; de cuando conoció a Güimareas de Rosa, ese maestro de la prosa en lengua portuguesa; de sus deudas con Juan Rulfo, en lo que insistió con preguntas audaces Fabio; de cómo había escrito algunos cuentos. En fin, los diálogos fluían con las contorciones de cada pregunta o apunte de este o aquel.
Se levantó diciendo que iba a los servicios. Pasados diez minutos un mesero me llamó para que fuera a la mesa de su esposa, Mercedes, quien conversaba con la esposa de Nicolás Suescún, un poeta colombiano, de visita por México. Me preguntó: ¿Dónde está Gabriel? Fui a buscarlo y no lo encontré. Va a aparecer, dijo ella con plena confianza. Pasaron unos quince minutos más; nosotros conversábamos. De pronto miré a la puerta derecha que da a la calle y medio escondido lo vi que me hacía guiños para que fuera a verlo. Fui. Me dijo: me salí para no tener que despedirme de tanta gente que está aquí. Las ceremonias de las despedidas son muy prolongadas. Era apenas un gesto de su timidez. Fui por Mercedes, la tomé del brazo y se la llevé hasta el automóvil donde esperaba Gabo a las dos amigas. Me dio su teléfono: llámame cuando quiera, me dijo, sonriente. Nos despedimos con un fuerte abrazo.
Los amigos nos quedamos otro buen rato degustando el encuentro con un hombre que reveló a cada instante una sencilla manera de ser, de quien sabe escuchar con atención e interés por lo que el otro dice. Colocaba un brazo sobre la mesa y se dejaba llevar por el flujo de sus recuerdos o ideas sobre el tema que le inquiríamos con su inconfundible acento costeño. Cuando le preguntamos sobre la política colombiana, después de escucharnos, dijo de manera lapidaría: sobre ese asunto prefiero que hablemos cuando estemos en Colombia. Una elegante manera de eludir una declaración política. Gabo también es diplomático.


MÉTODO FÁCIL Y RÁPIDO PARA SER POETA
Jaime Jaramillo Escobar

POESÍA EN TIEMPO DE VIOLENCIA


En este año se está preguntando mucho para qué poetas en tiempos de guerra. Esa pregunta sale de aquellos que quisieran eliminar la poesía porque consideran que la conciencia del poeta, su pensamiento y reflexión, son contrarios a la guerra.
Pero la verdad, como siempre, es muy simple. Existen dos clases de individuos: los belicosos y los pacíficos. En uno y otro bando hay poetas. Nadie está interesado en callar a los poetas belicosos. Solamente quieren acallar a los poetas pacíficos, o convertirlos al bando de los guerreros. Esa es la conclusión. Siempre ha habido guerras y violencia, y siempre han existido los poetas. Nunca su suprimirá a los violentos, ni tampoco a los pacíficos, porque los pacíficos tienen mucha resistencia. A unos hombres les gusta hacer la guerra. Otros prefieren la poesía y la música. Y hay, por cierto, música militar y poesía épica. Ese cuestionamiento que se quiere hacer ahora a los poetas carece de buen sentido. Proviene, o de la ignorancia, o de la mala fe. Fariseos e hipócritas. Por lo tanto debemos desestimarlo. No significa nada. Los asesinos siguen disparando y los poetas cantando. Cada uno en lo suyo. Así es la vida. Me quedo con los poetas.
¿Qué hacen los poetas en la guerra? Pues escribir poemas. Poemas que circulan clandestinamente, unos para avivar a los fogosos combatientes, y otros para llevar un bálsamo dichoso a los damnificados, y a los que permanecen al margen de las hostilidades. Por lo tanto, cuando más útil resulta la poesía es precisamente en tiempos de guerra.
En mi viejo librito de historia para la escuela secundaria, escrito por don Nicolás Bayona Posada, todavía se puede leer aquello de Tirteo:
“Tirteo era, según la leyenda, un maestro cojo y tuerto, a quien se había confiado la educación de los mendigos de Atenas. Los espartanos, viéndose necesitados de militares que los instruyeran en las artes de la guerra, solicitaron a los atenienses el envío de un general, y los atenienses –a veces burlones– les enviaron inmediatamente a Tirteo. No conocía éste el manejo de las armas bélicas, pero sí el del verso heroico. Y se dio a entusiasmar a los soldados con himnos guerreros tan hermosos, que fue aclamado como jefe supremo de las tropas espartanas y nunca fueron vencidos los soldados a quienes animaba con sus poemas”.
Para los más, en tiempos tan viles como el presente, la poesía es también un refugio. Se sacará a los hombres pacíficos de su último refugio y se les prenderá fuego. Pero ellos no estaban allí por miedo, sino por asco. Que al menos quede eso en claro.

NOTAS

1. Milton era un verdadero poeta y, por lo tanto, partidario de los demonios, aunque no lo sabía. WILLIAM BLAKE

2. La poesía misma será escrita en términos de explosivos y gases mortales. HENRY MILLER

3. El honor de la poesía fue salir a la calle. Fue tomar partido en este combate y en aquél. No se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. Los poetas odiamos el odio y hacemos la guerra a la guerra. PABLO NERUDA

4. Toda guerra es una derrota para el espíritu humano. HENRY MILLER

5. Nos rebelamos, tanto ante la idea de matar a los semejantes, aunque sea para convencerlos, cuanto a ser convencidos del mismo modo. ALBERT CAMUS

6. La violencia es la más alta expresión de la energía humana, ya sea intelectual o física. Es una verdad que por fin se ha descubierto, gracias a nosotros. Y al que crea lo contrario se lo demostraremos usando precisamente de la violencia, y entonces ha de creer, lo mismo que nosotros. Por casualidad, ¿no cree
usted también lo mismo? PÄR LAGERKVIST

7. Sobre cualquier otro factor que pueda mencionarse para explicar la guerra, está la confusión. Cuando las otras armas no responden, se acude a la fuerza. El que pelea reconoce que está confundido. Es un gesto de desesperación, no de fuerza. HENRY MILLER

8. El neolítico se muestra pacifico porque había tierra abundante y fácil para todos con sólo tomarla. Pero los ideales belicosos de la fase siguiente fueron debidos en parte a las poblaciones en aumento y a la escasez de nuevas tierras para alimentarlas. JACQUETTA HAWKES

9. Nadie está a salvo cuando una guerra civil estalla. MARY RENAULT